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Actualmente son tan numerosos y diversos los eventos relacionados con el concepto de Liderazgo, especialmente dentro del ámbito empresarial, que se puede llegar a tener la impresión de que se trata de una cualidad casi mágica reservada para unos pocos privilegiados, para una élite dotada de unos talentos semidivinos.

¿Pero esto es así realmente? ¿Puede haber auténticos líderes en los puestos medios y de base de una organización, o necesariamente para encontrarlos tendremos que buscar dentro de la cúpula directiva? ¿Es adecuada la equiparación que suele hacerse entre Liderazgo y Dirección adecuada de personas?

Más allá de discusiones semánticas, lo que puede ser interesante es empezar reflexionando sobre el concepto de Liderazgo desde un enfoque holístico, es decir en el ámbito global de la vida de una persona y en su aplicación a los distintos papeles que ésta asumirá a lo largo de la misma.

Entiendo que uno de los errores más frecuentes en el mundo de los negocios es precisamente el de observar la actividad empresarial como algo desconectado del resto de actividades humanas, lo que explica algunos de los problemas de nuestras sociedades modernas.

En este sentido, el Liderazgo debe ser entendido como un concepto que afecta a la persona en su concepción general, asumiendo que la aplicación de ese Liderazgo personal conllevará formas de aplicación distintas según el ámbito concreto donde se ejerza: Familiar, empresarial, social…

¿Y cuales son las claves para ejercer ese Liderazgo personal? A pesar de la complejidad de la cuestión, podríamos resumirlo en 3 aspectos fundamentales:

1. Tomar conciencia. Liderazgo personal significa en primer lugar ser capaz de definir donde queremos llegar, en que situación nos encontramos y consecuentemente cual es la distancia que nos separa de la situación actual a la deseada. Este primer paso requiere Visión para ser capaz de imaginar un horizonte atractivo e ilusionante, y Análisis realista para identificar acertadamente en que situación nos encontramos y cual es el camino que tendremos que recorrer.

2. Asumir la responsabilidad. El siguiente requisito, una vez que está definido el escenario, es sentirse con la libertad y la capacidad de recorrer ese camino. Responsabilidad significa la habilidad, la capacidad para responder. En este sentido, éste es un paso especialmente incómodo, ya que siempre es más fácil tirar balones fueras y “colgarle el mochuelo” de nuestra felicidad a circunstancias o personas externas antes que reconocer que nuestra situación actual es esencialmente resultado de nuestras acciones y decisiones a lo largo del tiempo. Una combinación de Humildad, Voluntad y Confianza son imprescindibles para dar este segundo paso.

3. Pasar a la acción. Este tercer paso cierra el círculo del Liderazgo personal y de hecho es el que marca realmente la diferencia. De poco sirve hacer las dos reflexiones anteriores si estas no conducen a empezar a hacer las cosas que realmente nos van a ayudar a caminar hacia nuestra Visión. ¿Y qué es lo que se requiere en esa fase de actuación?

Pasión, Coraje y Perseverancia. Somos animales de costumbres y todos habremos comprobado en alguna ocasión la dificultad que supone renunciar a hábitos adquiridos, por mucha voluntad que pongamos en abandonarlos.

Desaprender es una de las actividades más difíciles para el Ser Humano. Precisamente por la fuerza que tienen los hábitos, es esencial ser perseverante y disciplinado hasta que los cambios en la forma de actuar que hemos decidido implantar se conviertan en nuevos hábitos, sabiendo que probablemente tendremos que superarlos nuevamente en una etapa posterior.

Si entendemos estos 3 pasos como los pilares que conforman el Liderazgo personal, vale la pena hacerse la siguiente pregunta ¿Son válidos cuando los aplicamos dentro del ámbito de la empresa? Quién entienda que básicamente la respuesta es positiva, habrá llegado a la conclusión de que el ejercicio del Liderazgo, también dentro de la empresa, está abierto a todos los integrantes de la organización, ya que visión, realismo, capacidad analítica, humildad, voluntad, confianza, pasión, coraje y perseverancia son cualidades que no están necesariamente reservadas a los directivos de las empresas.

Otra cosa es que haya personas que innatamente tengan más capacidades que otras, y que haya posiciones en las que sea irrenunciable el ejercicio del liderazgo.
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Dentro de una organización, la confianza abre posibilidades, regula relaciones y reduce la incertidumbre percibida del entorno.

No es posible que exista un sistema social en el que ésta no esté presente. La confianza y la falta de confianza nos hablan de la manera cómo encaramos el futuro en función de los eventuales peligros que éste nos pueda deparar.

La libertad facilita la creatividad, la innovación y el necesario margen para que los individuos puedan manifestar sus ideas y recursos sin la presión y rigidez del control.

La libertad es el vehículo sobre el que encarrilar la participación de los colaboradores en el proyecto de la organización.

La confianza y la libertad permiten la conservación y la adaptación de la organización.

Son dos valores a desarrollar como base de la cultura organizacional para crear sistemas enfocados en un propósito y con capacidad de sobrevivir al entorno.
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