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Estaba releyendo “La Cueva y el  Oso”, tras haber sido testigo en los últimos días de algunas situaciones que describe el Profesor Quintana en el texto. Tiene gracia, yo que siempre fui de “sí se puede”, y de “querer es poder” y todo eso…voy escuchando lo que está pasando por ahí, y no paro de pensar: no se puede.

Una directora de recursos humanos me decía que llevaba un tiempo sin dormir: los despidos que ha tenido que ejecutar le han pasado factura. Pero no tanto cómo ver que no son estrictamente necesarios y que muchos son aleatorios, y no tanto cómo le pasó por su conciencia que le dijeran que si llevaba a cabo los despidos sin grandes ruidos ni demandas por parte de los despedidos… ¡¡le subirían el sueldo!!  No se puede hacer esto.

No se puede pedir a la gente cada vez más y más esfuerzo y darle cada vez menos compensaciones. La palmadita en la espalda se agota…No se le puede quitar a la gente la jornada continua de verano y la paga extra a la vez. Quizá se pueda, pero entonces no se puede esperar que las personas conserven el mismo grado de entusiasmo, si es que alguna vez lo tuvieron. Ni que hablen bien de su empresa. No se puede congelar los sueldos de los empleados cuatro años seguidos y seguir invirtiendo en nuevos negocios. Cuando se hace un año, puede contribuir a generar una alerta sana y un espíritu de contención de gasto y momento difícil; pero cuando se hace un año, y otro, y otro y otro, y la austeridad es para algunos solamente, se convierte en una burla descarada.

No se puede publicar un código ético y un expediente de regulación de empleo al mismo tiempo. Quizá un tiempo después de una reestructuración hay que pensar en cosas como una nueva cultura de empresa, una transformación interna, una renovación de la visión y los valores. Pero no de forma simultánea a los despidos masivos.

Tampoco se puede hablar de ecología y sostenibilidad y de compromiso con la responsabilidad social, y eliminar toda la inversión en formación o en proyectos sociales, la ayuda a las ONGs, y al voluntariado corporativo. No se puede “jugar a la solidaridad”, si no se ha barrido la casa primero.

No se puede hablar de transparencia en los mercados de valores y de códigos de gobierno corporativo,  y después permitir que los empleados sepan lo que va a pasar en la empresa por los medios de comunicación.

Se me ocurre que todo esto, al final, es como una conversación que una vez tuve con un taxista: “giramos por esta-dije yo-que por la siguiente no se puede”. El hombre me respondió: “sí se puede, señora”. Y yo: “no, no, no se puede, que lo sé yo” afirmé convencida, pues era mi barrio…. Se sonrió socarrón y sentenció: “si se puede señora, poderse se puede; pero no se debe.”

Pues eso. Poderse, se puede.
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