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Profundizando cada día más en el modelo relacional del Instituto y disfrutando de su aplicación real, tanto en entornos educativos, organizativos y sociales; es fácil vivirlo en espacios muy próximos y emocionales. Si hablamos del mundo del deporte, sin duda el campo de actuación es impresionante.

Mi deporte está relacionado con el mar, con las olas y con el viento, donde se establece una simbiosis única con elementos naturales que permiten a la mente y al cuerpo abstraerse de todo y centrarse en un reto que se convierte en goce o aprendizaje. El windsurf es caminar por el agua y es de los pocos deportes que te transportan a otro mundo.

Me explico.

Estando en Maui, una de las islas de Hawaii, en su North Shore donde no hay turistas ni nada parecido, y donde solo viven surfistas procedentes del todo el mundo esperando que las potentes borrascas de Alaska envíen masas gigantes de agua, que al llegar a las islas hawaianas se encuentren con fondos de roca perfectamente orientados, para que formen olas perfectas y potentes. Allí conocí a uno de los hijos de un conocido fabricante de velas americano, Graham. Verlo surfear era una delicia y comentando con él su estilo y su alto nivel que le permite competir en la Copa del Mundo, me explicó que se debía a un largo y profundo aprendizaje, donde su relación con el océano requería estar siempre aprendiendo a base de ensayo y error.

Graham dijo dos palabras claves: relación y aprendizaje.

Navegar y surfear en Maui no es fácil, requiere conocer bien el océano y tener experiencia, pero aún así casi empiezas de cero. Las olas tienen mucha fuerza, las rocas siempre están cerca y amenazan tu integridad física o romperte la tabla, los otros surfistas son profesionales y compiten por coger la ola y para más inri si te pasa algo las corrientes te sacan océano fuera y allí es territorio del tiburón tigre que gasta malas pulgas.

Y en esta isla estaba mi reto. Establecer internamente la óptima relación con el entorno y con cada ola que quería coger, para aprender, sabiendo que el nivel de exigencia es máximo. Aplicar mentalmente el modelo relacional me ayudó enormemente para navegar. Ordenó la cascada de emociones que te sobrevienen, basadas en la ilusión, la alegría, el miedo, la frustración, la humildad e incluso la valentía. Cada vez que entraba en el océano; la ola y yo, manteníamos una conversación invisible, donde yo le pedía que fuera perfecta, grande y glassy (sin baches), y ella me pedía que la hiciera noble, que fuera bien aprovechada. Yo le ofrecía mis ganas y osadía, además del respeto a su fuerza, y ella me ofrecía esa fuerza para empujarme, y ambos acordábamos surfear y ser surfeada desde la mística del entorno. Claro está que para ello necesitamos la escucha, que es indispensable para reconocer su grandeza, su potencia, su llegada e incluso su riesgo. Los sentidos se afinan al máximo y saber escuchar y reconocer lo que viene por detrás de ti no es baladí.

Finalmente reconercerle al finalizar la sesión se convierte en un rito, que curiosamente la mayoría de windsurfistas de allí, muchos de ellos competidores de la Copa del Mundo, al finalizar su sesión, agradecen al entorno que haya sido posible…..fascinante no?

Curiosamente, comentando con Graham acerca de la cognición en el deporte, donde no todo el mundo tiene el talento natural y precisa un trabajo duro y de aprendizaje; me explicaba en otras palabras lo mismo que el modelo relacional. El ensayo y el error permiten al cerebro aprender de manera inconsciente, para que poco a poco modificaciones de centímetros en la posición de tus pies y de tus manos, afinen y permitan realizar la maniobra deseada. Pero el orden mental y la energía emocional vienen desde nosotros mismo, y es básico apoyarse para crecer y superarse. El establecer una relación, aún siendo invisible, que te genera una conversación interna son gasolina pura….sino fijaros en los deportistas antes de realizar cualquier deporte…..silencio externo, potente conversación interna!!!!!!

El deporte como espacio de relación, de crecimiento y de creación de valores es esencial para cualquier niño. Si además somos capaces de darle un sentido interno mediante una óptima gestión de las relaciones se convierte en un espacio muy poderoso. Y además en una doble vía. Por un lado con los demás, especialmente si es un deporte de equipo, donde pedir y ofrecer es constante para acordar que hacer, y sobre todo con la escucha y el reconocimiento que son puras vitaminas para el esfuerzo y superar adversidades. Y por otro lado, y aquí la magia de todo, a nivel individual, donde con una conversación con uno mismo puedes pedirte y ofrecerte esfuerzos y dedicación, para que tus acuerdos con tus retos tengan sentido; y cuando no se cumplen gracias a la escucha y a reconocimiento, nos permiten seguir avanzando, superando las adversidades propias, creciendo y aprendiendo. Como habréis adivinado las conversaciones con las olas de Maui eran con uno mismo.

Mahalo (gracias en hawaiano) al modelo relacional, por permitir que mágicamente uno pueda afrontar los retos que se va marcando en la vida con ayuda y energía.
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