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Este fin de semana hemos iniciado una nueva Acreditación en el Modelo de Transformación Relacional del Instituto, liderada por Joan Quintana, en la que he tenido el placer y honor de participar.

Un grupo de ocho personas que han reconectado con su traza relacional y con algunos de los momentos vitales que la configuran.

Esto va de amor, decía una de esas ocho personas al poco de iniciar el programa.

No es el tiempo que compartimos con una persona, ni los días, meses o años. No es lo que tiene ni lo que es. Es, sencillamente lo que compartimos. Las emociones que nos hace sentir y como atraviesan nuestro corazón para siempre.

Son las sensaciones que nos recorren desde la piel hasta el alma, con tan sólo una mirada. Son las poderosas palabras que se quedan a vivir en la comisura de nuestra sonrisa. No es el tiempo lo que marca el cruce de algunas personas a lo largo de nuestra vida. Es el amor.

Vivimos en un mundo mágico pero no siempre nos damos cuenta. Poco importa si te cuentan que el destino es un lugar vacío y sin sentido, también es un desierto lleno de esperanza y aunque a veces esté cubierto de polvo, si te fijas bien y observas con los ojos del alma, verás como sobrevuelan tantas luces como estés dispuesto a sostener entre tus brazos.

Después suelta las riendas del corazón al aire y deja que siga tu viaje, al igual que cada una de las personas que con sus experiencias cruzarán tu vida, ellas deberán seguir el suyo. Que las historias que nos toca vivir sean a veces complejas y nos arrastren, no significa que no merezcan ser vividas. Da ese paso sin miedo y sigue adelante, no siempre es necesario y sano mirar atrás.

Respira y continúa el viaje porque lo mejor no es que esté venir, es que lo mejor está pasando.

Dicen que lo que está escrito para ti, tarde o temprano llega a tu vida. Hay personas que conocerás en forma de bendición o de lección, pero todas traen consigo un valioso regalo y por duro y difícil que parezca, cada experiencia que vivimos nos convierte en aquello que anhelamos ser. Es mejor tener una vida llena de equivocaciones, que un corazón lleno de arrepentimientos.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado de la vida donde habita la alegría. Inténtalo tantas veces como sea necesario y si te equívocas, toma el tiempo que necesite tu corazón para entender, pero para entenderte a ti, no a los demás, porque en realidad jamás llegarás a conocerlos del todo. Y ellos, los demás, nunca serán responsables de tu propia felicidad o de los sueños y propósitos que deseas alcanzar.

Así que mejor vive tu vida y rodéate de personas que te amen y en vez de tapar con tiritas las heridas, mejor que sea el aire que las cure y las envuelva lo necesario para que la cicatriz te permita vivir feliz, aunque te recuerde que una vez, en algún lugar de tu vida, tuviste esa experiencia dolorosa.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado donde estás tú. Incluso cuando te equivoques, seguirá siendo tu vida. No existen soles que te garanticen que no tendrás días nublados y algunos difíciles, pero siempre puedes encender tantas estrellas como sea necesario.

Deja lo mejor de ti en cada una de las personas que cruzan tu vida. Conoce mundo, pero sobre todo trata de reconocer el mundo interior de las personas que te brindan su tiempo, su amistad y su amor. Es lo más fascinante.

Por ello,

  • Te deseo que ames y que seas amado y te deseo que tengas siempre amigos en los que puedas confiar y que cuando sea necesario te cuestionen tus propias certezas.
  • Te deseo tolerancia ante tus errores y los errores de las otras personas que te rodean.
  • Te deseo que no corras, excepto cuando correr sea la única salida.
  • Te deseo que disfrutes tu madurez, sin olvidar nunca tu juventud y niñez.
  • Te deseo que agradezcas, que te abracen y abraces a otros, que rías, que llores y que lo vivas todo como si no hubiera un mañana.
  • Te deseo que te quedes siempre un minuto en las emociones, también en la pena o la tristeza, porqué así redescubrirás el valor de la alegría, la ternura o la pasión.
  • Te deseo que dediques tiempo a las personas que te necesitan, que busques espacios para conectar con la tierra, la lluvia y el sol para que descubras que la vida está en todas partes.
  • Te deseo abundancia y prosperidad.
  • Y te deseo, por encima de todas las cosas, mucha felicidad y Amor.

Muchas gracias a cada un@ de vosotr@s por querer compartir esos momentos tan especiales con nosotros.

¡Gracias por ser y estar, por permitirnos estar y un fuerte abrazo!

Gemma Segura Virella


 

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En las diferentes intervenciones y sesiones con equipos en las organizaciones en las que trabajamos, las acompañamos para configurar relaciones basadas en actitudes, comportamientos y acciones Cooperativas.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que las relaciones profesionales son relaciones activas, donde la capacidad para generar valor en la relación está centrada en un proyecto compartido y donde se generen beneficios para todos que forma parte del proyecto.

A continuación hacemos una lista de los elementos y criterios que, desde el Modelo de Transformación Relacional, configuran los Equipos Cooperativos. De forma metafórica, esta configuración de los equipos se basa en un baile entre el Amor y la Discrepancia.

  • Visión y misión compartida y motivadora.
  • Identificación clara de los beneficios personales y de equipo.
  • El proyecto compartido como escenario de trabajo de futuro.
  • Saber identificar las emociones y gestionarlas.
  • Responsabilidades y autoridades.
  • Aportaciones y necesidades de cada parte.
  • Compromisos y decisiones.
  • Saber plantear las oportunidades de mejora personales y colectivas de forma honesta y transparente.
  • Definición de las alertas.
  • Capacidad para saber modular la posible tendencia al consenso.
  • Aceptación de la discrepancia.
  • Aprender de la discrepancia.
  • Conocimientos para argumentar aportaciones y opiniones.
  • Reconocimiento positivo explícito del otro.
  • Aceptación de la persona (SER), a pesar de la discrepancia de opiniones, acciones (HACER): “Para mí eres totalmente válido e imprescindible porque tu valor es incuestionable. Pero puedo discrepar de lo que dices o aportes”.
  • Escucha profunda para comprender.
  • No permitir conversaciones no tenidas (lo que no se dice públicamente).
  • Transparencia positiva en la discrepancia.
  • No manipulaciones.
  • Búsqueda de soluciones versus la búsqueda de culpables.
  • Saber diferenciar entre los problemas, las discrepancias y conflictos.
  • Facilitar la expresión del conflicto, si aparece.
  • Trabajar desde nuevas preguntas para ampliar miradas y soluciones.
  • Actitudes y comportamientos desde la humildad, el respeto, la transparencia, la consideración, la crítica constructiva.
  • Tener razón versus aportar.
  • Discusión sobre hechos no desde la persona, el equipo.
  • Manifestar claramente lo que molesta.
  • Aprendizaje de los errores.
  • Mirada de los matices.
  • Atención a las quejas, que son diferente de la discrepancia.
  • Buen humor, optimismo y alegría.

Joan Quintana y Gemma Segura 
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En les diferents intervencions i sessions amb equips en les organitzacions en les que treballem, sovint les acompanyem per configurar relacions basades en actituds, comportaments i accions Cooperatives.

El primer que cal tenir en compte és que les relacions professionals són relacions actives, on la capacitat per generar valor en la relació està centrada en un projecte compartit i on es generin beneficis per a tothom que forma part del projecte.

A continuació fem una llista dels elements i criteris que, des del Model de Transformació Relacional, configuren els Equips Cooperatius. De forma metafòrica, aquesta configuració dels equips es basa en un ball entre l’Amor i la Discrepància.

  • Visió i missió compartida i motivadora.
  • Identificació clara dels beneficis personals i d’equip.
  • El projecte compartit com a escenari de treball de futur.
  • Saber identificar les emocions i gestionar-les.
  • Responsabilitats i autoritats.
  • Aportacions i necessitats de cada part.
  • Compromisos i decisions.
  • Saber plantejar les oportunitats de millora personals i col·lectives de forma honesta i transparent.
  • Definició de les alertes.
  • Capacitat per saber modular la possible tendència al consens.
  • Acceptació de la discrepància.
  • Aprendre de la discrepància.
  • Coneixements per argumentar aportacions i opinions.
  • Reconeixement positiu explícit de l’altre.
  • Acceptació de la persona (ÉSSER), malgrat la discrepància d’opinions, accions (FER): “Per mi ets totalment vàlid i imprescindible perquè el teu valor és inqüestionable. Però puc discrepar d’allò que dius o aportes“.
  • Escolta profunda per comprendre.
  • No permetre converses no tingudes (el que no es diu públicament).
  • Transparència positiva en la discrepància.
  • No manipulacions.
  • Cerca de solucions versus la cerca de culpables.
  • Saber diferenciar entre els problemes, les discrepàncies i els conflictes.
  • Facilitar l’expressió del conflicte, si apareix.
  • Treballar des de noves preguntes per ampliar mirades i solucions.
  • Actituds i comportaments des de la humilitat , el respecte, la transparència, la consideració, la crítica constructiva.
  • Tenir raó versus aportar.
  • Discussió sobre fets no des de la persona, l’equip.
  • Manifestar clarament allò que molesta.
  • Aprenentatge dels errors.
  • Mirada dels matisos.
  • Atenció a les queixes, que són diferent de la discrepància.
  • Bon humor, optimisme i alegria.

Joan Quintana i Gemma Segura

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Dice Gerald Hüther en su libro La evolución del amor que el fenómeno más fascinante generado por la evolución en la tierra es el amor.

Entonces es que el amor existe y quien cree en él puede mover montañas y pasar por encima de su propia sombra. Hablamos de amor como un sentimiento para referirnos al afecto, la entrega, el vínculo, el apego, la simpatía, la pasión, el deseo. Todo ello está asociado al amor.

Pero ¿sabemos por qué existe el amor, de dónde viene y para qué sirve? La forma en la que las personas usamos el pensamiento y lo que producimos con él depende del sentimiento que lo domine, de la motivación que lo promueve y de los propósitos que haya detrás. Por ello si el egoísmo se convierte en el motivo que conduce el pensamiento, el sentir y el actuar el amor no tiene espacio para expresarse y crecer.

El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo entre las personas, un sentimiento de vínculo y pertenencia que permite la vida y la supervivencia en un mundo cambiante y repleto de amenazas. Cuanto mayor es el sentimiento de pertenencia, cooperación y solidaridad mucho más fácil resulta sacar provecho de las capacidades y habilidades físicas, mentales y espirituales. Es ese sentimiento que nos lleva a identificarnos con los otros y a poner todo lo que sabemos, conocemos y experimentamos -nuestro talento-, al servicio de preservar el bienestar del grupo.

Hace unos meses nos contaba Ignacio Martínez Mendizabal, en el primer encuentro Conversaciones, Relaciones y CopasJuntos, la clave del éxito“, que las comunidades humanas solo pudieron sobrevivir e imponerse porque poseían un fuerte sentido de pertenencia y estuvieron en condiciones de aprovechar para su supervivencia las fuerzas y las capacidades liberadas por el sentimiento de amor. Eran las relaciones sociales las que determinaban para qué y cómo los hombres utilizaban el cerebro. Era el vínculo primario, esa relación emocional original que se desarrolla con las personas de referencia y que llamamos amor, ese fuerte vínculo emocional de cada persona con su comunidad lo que se convirtió en el impulsor decisivo para el despliegue de las potencialidades intelectuales y emociones de la humanidad. Evidente, entonces, que el amor no tiene límites.

Pero, para que ese amor no tenga límites es necesario vivirlo en vez de interpretarlo, es necesario ponerle acciones, conductas y comportamientos que orienten el amor. En nuestras manos está decidir según qué leyes orientamos nuestras acciones, si de acuerdo con las del egoísmo y la insolidaridad, que llevan a separarnos o según las de un mundo que confluya hacia un mismo punto de unión. Un mundo donde prime la tendencia de entrar en resonancia con la energía y la expresión del amor.

¿Cómo? Trabajando el vínculo social para tejer una verdadera red social de amor, por la vía del sentirse parte de una comunidad para tener experiencias de ser parte de un todo, ya que solo es posible encontrar la confianza y la seguridad contribuyendo a consolidar la cohesión dentro de esa comunidad. Porque solo cuando el arraigo es lo suficientemente amplio y disponemos de un amplio saber y variadas competencias, puede formarse la capacidad de aceptar y promover la responsabilidad social.

Quien de repente está en condiciones de ver lo que nunca ha visto antes empieza a pensar de manera distinta, un modo de pensar sintético y cohesionador que hace posible el surgir de una biología futura del amor. Si miramos con más amor y hablamos con más amor, sentiremos con más amor. Un amor que no radica en conseguir un fin propio, ni utilizar a otros como objetos o medios para conseguir un fin, sino que radica en considerar al otro como lo que es, un legítimo otro, una Persona. Un amor que radica en inspirar, ayudar, animar, cuidar y acompañar a los otros para que juntos desarrollemos todo nuestro potencial. Porque no se trata sólo de estar juntos o unidos por causas externas, sino de ayudarnos conjuntamente a crecer y al mismo tiempo ayudarnos a ser libres, para establecer una verdadera “red de amor”.

En la contra de La Vanguardia de ayer, 27 de febrero de 2018, Juan Echegaray, doctor en Biología, especializado en biología celular y neuroanatomía, decía que cuando actuamos sin amor –en contra del amor dice él-, dejamos de lado la armonía y la perfección. La falta de amor son el motivo por el que existe desarmonía en nuestro planeta o la causa de todo dolor, pero la solución está en nuestras manos y se llama amor.

Estamos en condiciones de crecer unidos, de improntar en el cerebro un sentimiento de vínculo estrecho entre los miembros de la familia, las amistados, las organizaciones, las comunidades cada vez mayor, porqué lo más importante en el mundo actual son las relaciones sociales y los vínculos que socialmente podemos, sabemos y debemos tejer. Estamos en condiciones de compartir, que es más inteligente y sabio que poseer y tenemos argumentos para describir esta forma de ver el mundo porque podemos, entre todos, cambiar la fuerza motora que contiene la energía del vínculo de amor. 

Solo así podemos seguir siendo lo que de verdad somos, pura energía de amor. Existen dos posibilidades para conseguirlo: o conseguimos superar nuestros miedos más internos y pensar de forma sabia y armónica o seguimos tratando de necia a nuestra sabiduría. 

¿Qué camino decidimos? Yo lo tengo claro, me apunto a tejer una verdadera Red Social de Amor.
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¿Te has planteado para qué vivimos? Creo que todos vivimos para ser felices, para sentirnos bien en cada momento de la vida, para amar y que nos amen. Eso es lo que buscamos y lo que deseamos para nosotros y para cualquier persona que amamos: vivir y amar.

Para ello, tenemos que saber reconocer y dar espacio a nuestras emociones, aceptarlas y después, saberlas gestionar. Somos altamente imperfectos, forma parte de nuestra divinidad, y en esa imperfección divina también hay que hacerle espacio a los errores, los propios y los de otros.

Pensar, a diferencia de lo que creemos, es más emocional que racional. Para pensar y hacerlo bien, hay que aprender a detectar lo que sientes, también cuando te sientes mal. Esos momentos en los que en lugar de empezar a buscar culpables fuera, debemos mirar lo que ocurre dentro, porque lo que hay que cambiar es nuestra percepción.

Debemos aprender a pensar bien de uno mismo. Todas las personas necesitamos sabernos y sentirnos aceptados, reconocidos, valorados, queridos, respetados y ayudados, ya que por encima de cualquier otra cosa somos seres relacionales y emocionales.

Lo que no necesitamos es sentirnos cuestionados, aleccionados, reprochados e ignorados. Los pensamientos negativos hacia uno mismo y hacia otros son muy dañinos, por eso hay que mantener pensamientos de aceptación hacia uno mismo el máximo tiempo posible. Nuestro cerebro se modifica continuamente en base a aquello que hacemos, pensamos y sentimos.

Debemos aprender a pensar bien de lo otros, porque no existe el yo aislado ni la experiencia completamente personal sino que existimos en un mundo de constitución conjunta. Siempre estamos emergiendo de una relación, de la que no podemos salir. Incluso en nuestros momentos más privados nunca estamos solos. Además, el bienestar del planeta depende en gran medida de la manera en que podamos nutrir y proteger los procesos generativos de las relaciones.

Nuestro bienestar futuro depende de que coloquemos las relaciones en un lugar privilegiado de nuestros intereses, porque todo el significado surge de la acción coordinada y aquello que consideramos real y valioso depende del bienestar de nuestra relaciones.

Todos nacemos con la capacidad de tener y sentir emociones. Las emociones están constituidas por un estado fisiológico y una experiencia mental. Existe una diferencia entre la emoción y el sentimiento, la emoción es lo más elemental, es la reacción fisiológica a una vivencia breve pero intensa. El sentimiento, es un estado emocional, derivado de la emoción, a más largo plazo y con vivencias complejas y más duraderas.

Debemos aprender a amarnos porque somos como somos. Esta convicción vital nos aporta confianza en uno mismo y en el mundo. Esta convicción vital también nos posibilita amar a otros porque son como son, como dice una de las declaraciones de amor del cine: “Te quiero cuando tienes frío a 21 grados, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo y adoro la arruga que se te forma encima de la nariz cuando me miras como si estuviera loco”.

Dejemos, pues, de proyector en nosotros lo que no somos y de proyectar en otros lo que tampoco son. Dejemos las proyecciones que nada tienen que ver con quien somos ni con las personas que nos rodean. El amor es lo único que da sentido a la vida.
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El ingrediente más importante en la fórmula del éxito es saber llevarse bien con los demás. Theodore Roosevelt  

De entre los muchos aprendizajes que he realizado en los últimos años, uno de ellos es de los que considero más valioso. Un principio que a menudo se olvida en las empresas, en los proyectos, en las organizaciones o en cualquier equipo. Un maravilloso e imprescindible principio que olvidamos con demasiada frecuencia pero que es muy sencillo: Cuanto más profundas sean tus relaciones, más fuerte será la empresa, porque el principal negocio en los negocios es contactar con personas y añadirles valor.

Una empresa no es más que una iniciativa humana que une a varias personas en torno a algún sueño maravilloso, que las anima a expresar su valentía al máximo y a aportar un gran valor a aquellos a los que sirve. A pesar de tanta tecnología, a pesar de tantos cambios en el mundo empresarial actual, hemos olvidado que la clave de todo está en las relaciones y las conexiones humanas, porque el único gran propósito de una empresa es ser útil al mundo y a otras personas.

En realidad, un negocio no es más que una especie de conversación y si la empresa olvida avivar esa conversación y las relaciones entre los implicados, la conversación acabará pronto y el negocio fracasará. Las mejores empresas cuentan no solo con equipos de personas que rinden al máximo, sino con equipos de personas que que mantienen inmejorables relaciones.

La empresa debe ser un vehículo para ayudar a otras personas. El dinero siempre sirve a la aportación y no a la inversa y cuanto más aporte a todos los elementos implicados en la empresa mayor será el éxito financiero de la empresa. Si quieres ganar tienes que ayudar a que los demás también ganen. Y para ello solo necesitas dedicarte cada día a expresar lo mejor de ti mismo y dejar una huella fantástica en otras personas. Si de verdad quieres alcanzar tu más alto potencial en los negocios, debes tratar a la gente excepcionalmente bien. Desvívete por tus clientes. Y ayuda a desarrollar las capacidades de tus compañeros porque las cosas especiales nunca se hacen a solas y cuanto más alto sea el objetivo, más necesaria será la ayuda de otros para cumplir la misión. Cuanto más ambicioso sea el sueño más importante será el equipo.

Una organización invencible no es más que una serie de magníficas relaciones que se extienden por toda la empresa, todas ellas centradas en algún edificante resultado. Por ello, las relaciones extraordinarias y poderosas nos darán una empresa extraordinaria y poderosa.

Seguro que podrías decirme que no tienes tiempo para crear mejores relaciones con tus compañeros, que no te lo puedes permitir. Pero lo que no puedes permitirte es no hacer un esfuerzo por conectar con las personas con las que pasas casi todo el día.

Piénsalo. Pasas la mayoría de las horas de la mayoría de los días de la mayoría de los años de tu vida con tus compañeros de trabajo. ¿No te parece sensato llegar a conocerlos y mantener magníficas relaciones con ellos? Te sentirás parte del grupo, sabrás que tienes a tu alrededor una comunidad que te apoya y en cuanto tus compañeros empiecen a ver que los apoyas, te corresponderán. La ley de reciprocidad es una de las leyes más fuertes que rigen las relaciones humanas. Si de verdad ayudas a los demás, los demás harán cualquier cosa por ayudarte a ti. Si de verdad te entregas a un compañero, el compañero se entregará a ti. La ley de la reciprocidad dice que las personas sentimos de manera natural la obligación y el deseo de responder con bondad y apoyo a las personas que nos la han ofrecido en primer lugar, pero también dice que hay que hacerlo de verdad, de corazón y sin esperar nada a cambio. Si damos con sincera generosidad, obtendremos resultados positivos.

En uno de los cursos de formación que realicé hace ya unos cuantos años, tuve que hacer un ejercicio que nunca olvidaré. Al final del curso había aprendido la importancia de forjar relaciones profundas, fuertes y de confianza.

A todos los participantes nos hicieron una prueba para ver si recordábamos las principales ideas que nos habían enseñado, y la última pregunta era la siguiente:

«Escribe el nombre (nombres) de la persona de la limpieza de la empresa en la que trabajas, esa persona que se dedica a limpiar para que cuando entres en la empresa por la mañana, todo esté a punto para ti».

¿Os imagináis la cara que se me quedó al leer la pregunta? Había visto a esas personas alguna vez, pero jamás me había tomado el tiempo de conocerlas. Pues bien, suspendí el examen (en realidad lo suspendimos todos). Si no contestabas bien a esa pregunta, no podías superar la formación.

Ese día recibí una lección que todavía hoy llevo conmigo: si de verdad quieres que tu empresa esté a la cabeza de tu sector, todo el mundo que esté dentro de la organización importa. Todo el mundo que trabaje en la empresa es importante. Todas las personas de la empresa tienen que estar comprometidas y conectadas, porque la calidad de una empresa depende de la calidad de las relaciones entre sus trabajadores. Todo el mundo importa. Las acciones de cada trabajador cuentan. Cada relación se expande por toda la empresa. Una buena relación inspira la siguiente conversación, que a su vez inspira una tercera. Y la onda expansiva al final determina la esencia de la empresa y la calidad de los resultados que se obtienen. Así son las relaciones dentro de una organización. Todo el mundo tiene una historia que merece la pena ser escuchada y todo el mundo conoce alguna lección que vale la pena aprender. La gente hace negocios con personas que les caen bien, con personas en las que confían, con personas que hacen que se sientan especiales.

Para que alguien te tienda una mano tienes que llegarle al corazón y desde la humildad es mucho más fácil. Al final, lo que las grandes personas tienen en común es que todas ellas ponen énfasis en la importancia de llevar una vida feliz y llena de significado y solo es posible tendiendo la mano a los otros desde el corazón. No esperes a que alguien busque relacionarse contigo; empieza tú el proceso de conexión. Dirige tú el camino.

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Gemma Segura nos obsequia con este cuento sobre el reconocimiento y las responsabilidades del líder.  

Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones de un determinado grupo, dejó de participar en sus actividades sin ningún aviso. Después de algunas semanas el líder del grupo decidió ir a visitarlo.

Era una noche muy fría y lo encontró en su casa, solo, sentado delante de la chimenea, donde ardía un fuego brillante y acogedor.

El hombre condujo al líder a una silla grande cerca de la chimenea y se sentó quieto, esperando. Se hizo un grave silencio y los dos hombres solo contemplaban la danza de las llamas, en torno a los troncos de leña que ardían.

Pasados unos minutos, el líder examinó las brasas que se formaron y cuidadosamente seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas y la empujó hacia un lado.

Volvió a sentarse y permaneciendo silencioso e inmóvil. El anfitrión prestaba atención a todo, fascinado y quieto.

En poco tiempo, lo que antes era una fiesta de calor y luz, en la chimenea, ahora no pasaba de ser un negro, frío y muerto pedazo de carbón recubierto de una espesa capa de ceniza grisácea.

Ninguna palabra había sido dicha desde el protocolar saludo inicial entre los dos amigos.

El líder, antes de prepararse para la despedida, manipuló nuevamente el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego. Casi inmediatamente se volvió a encender, alimentando por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno de él.

Cuando el líder alcanzó la puerta para partir, su anfitrión le dijo:

– Gracias por tu visita y por el bellísimo sermón. Regresaré al grupo ¡Mil gracias!

El hombre había entendido que a los miembros de un grupo hay que reconocerles y recordarles que ellos forman parte de la llama y que lejos del grupo pierden todo su brillo.

Y también había entendido que a los líderes hay que recordarles que ellos son responsables por mantener encendida la llama de cada uno de los miembros y por promover el reconocimiento y la unión entre todos ellos, para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero.

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Una conversación, como definen los diccionarios, es un diálogo entre dos o más personas con el objetivo de expresar ideas, emociones o afectos, no siempre con una planificación previa.

Toda conversación tiene tres aspectos básicos: el aspecto Individual, el “yo” o la dimensión personal; el aspecto Operacional,  el “ ello”, o la dimensión impersonal y el aspecto Relacional, el “nosotros” o la dimensión interpersonal.

Una conversación puede convertirse en un espacio fácil o difícil según el grado de amenaza de los tres aspectos en la conversación.

La primera dificultad puede llegar cuando nuestra imagen la percibimos cuestionada porque nos sentimos avergonzados o amenazados. En ese momento, caemos en la trampa del todo o nada y todo lo que no nos permita considerarnos perfectos se convierte horroroso y todo lo que no percibamos como un elogio se convierte en insulto. Por ese motivo dedicamos tanto esfuerzo a proteger nuestra identidad, convencidos que tenemos razón, aunque la otra persona esté equivocada.

Si a nuestra imagen e identidad le sumamos los pensamientos y sentimientos que de verdad importan y no siempre damos a conocer, incluso porque no hemos tomado consciencia de ello, nos podemos encontrar en que cada interlocutor cree saber y comprender lo que está sucediendo, pero no ser así en realidad.

Finalmente, debemos tener en cuenta las hipótesis y las expectativas no expresadas ni reconocidas, que pueden generar desilusión hacia la otra persona, en el plano relacional. Crítica y actitud defensiva que pueden degenerar en desprecio si nos distanciamos mutuamente y perdemos el sentido de conexión, porque consideramos que es inútil una comunicación clara y sincera.

En todas estas condiciones la conversación se convierte más en una discusión que una conversación.

¿Cómo podemos facilitar el proceso para que la conversación se convierta en fácil?

Con respecto al nivel individual, el yo, debemos comprender que se ponen en juego aspectos de nuestra verdadera identidad. Lo mejor es ampliar el criterio con que nos juzgamos a nosotros mismos y comprender que las etiquetas del tipo “todo o nada” no son suficientes para describirnos.

En cuanto al aspecto operacional, debemos partir de la base que cualquier persona puede aportar información significativa y descubrir cuál es nuestro papel en la conversación.

Y en el plano relacional, debemos comprender que la conexión no surge de una postura de arrogancia moral sino de la verdadera humildad. Solo a través de la confianza y el respeto mutuo, dando espacio a los deseos y las emociones,  es posible establecer una interacción y conexión productiva.

En realidad,  una conversación se parece más a un estado de flujo entre el lenguaje, las emociones y los sentimientos. Lo que determina si una conversación deriva o no en discusión es justamente la emoción, porque todo lo que pasa en una conversación tiene consecuencias en nuestras emociones y a la inversa.

Como decía Virginia Satir “Creo que el mejor regalo que puedo recibir de alguien es que me vea, que me escuche, que me entienda y que me toque. El mejor regalo que puedo dar es ver, escuchar, entender y tocar a otra persona. Cuando se ha hecho esto, siento que se ha establecido contacto”.

Ecuanimidad, humildad, amor y compasión. Con ellas de nuestro lado es posible conversar.

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