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Este fin de semana hemos iniciado una nueva Acreditación en el Modelo de Transformación Relacional del Instituto, liderada por Joan Quintana, en la que he tenido el placer y honor de participar.

Un grupo de ocho personas que han reconectado con su traza relacional y con algunos de los momentos vitales que la configuran.

Esto va de amor, decía una de esas ocho personas al poco de iniciar el programa.

No es el tiempo que compartimos con una persona, ni los días, meses o años. No es lo que tiene ni lo que es. Es, sencillamente lo que compartimos. Las emociones que nos hace sentir y como atraviesan nuestro corazón para siempre.

Son las sensaciones que nos recorren desde la piel hasta el alma, con tan sólo una mirada. Son las poderosas palabras que se quedan a vivir en la comisura de nuestra sonrisa. No es el tiempo lo que marca el cruce de algunas personas a lo largo de nuestra vida. Es el amor.

Vivimos en un mundo mágico pero no siempre nos damos cuenta. Poco importa si te cuentan que el destino es un lugar vacío y sin sentido, también es un desierto lleno de esperanza y aunque a veces esté cubierto de polvo, si te fijas bien y observas con los ojos del alma, verás como sobrevuelan tantas luces como estés dispuesto a sostener entre tus brazos.

Después suelta las riendas del corazón al aire y deja que siga tu viaje, al igual que cada una de las personas que con sus experiencias cruzarán tu vida, ellas deberán seguir el suyo. Que las historias que nos toca vivir sean a veces complejas y nos arrastren, no significa que no merezcan ser vividas. Da ese paso sin miedo y sigue adelante, no siempre es necesario y sano mirar atrás.

Respira y continúa el viaje porque lo mejor no es que esté venir, es que lo mejor está pasando.

Dicen que lo que está escrito para ti, tarde o temprano llega a tu vida. Hay personas que conocerás en forma de bendición o de lección, pero todas traen consigo un valioso regalo y por duro y difícil que parezca, cada experiencia que vivimos nos convierte en aquello que anhelamos ser. Es mejor tener una vida llena de equivocaciones, que un corazón lleno de arrepentimientos.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado de la vida donde habita la alegría. Inténtalo tantas veces como sea necesario y si te equívocas, toma el tiempo que necesite tu corazón para entender, pero para entenderte a ti, no a los demás, porque en realidad jamás llegarás a conocerlos del todo. Y ellos, los demás, nunca serán responsables de tu propia felicidad o de los sueños y propósitos que deseas alcanzar.

Así que mejor vive tu vida y rodéate de personas que te amen y en vez de tapar con tiritas las heridas, mejor que sea el aire que las cure y las envuelva lo necesario para que la cicatriz te permita vivir feliz, aunque te recuerde que una vez, en algún lugar de tu vida, tuviste esa experiencia dolorosa.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado donde estás tú. Incluso cuando te equivoques, seguirá siendo tu vida. No existen soles que te garanticen que no tendrás días nublados y algunos difíciles, pero siempre puedes encender tantas estrellas como sea necesario.

Deja lo mejor de ti en cada una de las personas que cruzan tu vida. Conoce mundo, pero sobre todo trata de reconocer el mundo interior de las personas que te brindan su tiempo, su amistad y su amor. Es lo más fascinante.

Por ello,

  • Te deseo que ames y que seas amado y te deseo que tengas siempre amigos en los que puedas confiar y que cuando sea necesario te cuestionen tus propias certezas.
  • Te deseo tolerancia ante tus errores y los errores de las otras personas que te rodean.
  • Te deseo que no corras, excepto cuando correr sea la única salida.
  • Te deseo que disfrutes tu madurez, sin olvidar nunca tu juventud y niñez.
  • Te deseo que agradezcas, que te abracen y abraces a otros, que rías, que llores y que lo vivas todo como si no hubiera un mañana.
  • Te deseo que te quedes siempre un minuto en las emociones, también en la pena o la tristeza, porqué así redescubrirás el valor de la alegría, la ternura o la pasión.
  • Te deseo que dediques tiempo a las personas que te necesitan, que busques espacios para conectar con la tierra, la lluvia y el sol para que descubras que la vida está en todas partes.
  • Te deseo abundancia y prosperidad.
  • Y te deseo, por encima de todas las cosas, mucha felicidad y Amor.

Muchas gracias a cada un@ de vosotr@s por querer compartir esos momentos tan especiales con nosotros.

¡Gracias por ser y estar, por permitirnos estar y un fuerte abrazo!

Gemma Segura Virella


 

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Ignacio Pavez. Miembro del equipo del IR Chile y PHD Case Western Reserve University – EEUU nos presenta dos articulos que son muy utiles para entender la importancia de saber construir buenas preguntas  y de entender las claves a considerar en un proceso de cambio y transformación.

 

¿Quiere potenciar su liderazgo? : Haga buenas preguntas

 

Ser y no ser : Las paradojas para manejar el cambio .

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Percibimos a los otros desde nuestra propia subjetividad, construida con el valor que damos a todo lo vivido y con lo que hemos incorporado de todo lo que hemos oído de nosotros.

Cuando hacemos una descripción del otro, no estamos definiendo al otro ni quien es, ni cómo es.

Narramos a los otros con lo que podemos ver desde nuestra propia mirada subjetiva.

Nuestra valoración, aunque no los describe, va a condicionar su manera de relacionarse con nosotros, con los otros, en el ahora y en un futuro.

Construyamos las relaciones mirando y viendo las potencialidades y fortalezas propias y del otro.

Reconozcamos las singularidades de los otros.

Legitimar la singularidad del otro es condición necesaria para construir un vínculo desde el reconocimiento.

Re-Conocer al otro, es dar valor a como es y lo que hace. Condición necesaria para cooperar y compartir caminos de convivencia.

Relacionémonos para que cada persona pueda ser, sin tener que someterse a nuestro propio relato sobre lo que se tiene que hacer y como se tiene que ser.

Démonos la oportunidad de ser Re-Conocidos sin tener que dejar de ser.

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Hace unas semanas estaba en la oficina de un cliente. Tenía la misión de que debatir o negociar con un directivo de la casa, un tipo que a priori no tenía buena disposición a colaborar desde su reinito corporativo en lo que “el proyecto” requería de su ámbito de gestión-poder-influencia.

Conviene recordar que “el proyecto”, esto es, aquello que intentábamos sacar adelante mi cliente y yo, era un proyecto de la empresa, no una embajada particular o personal de un individuo concreto; no un interés personal sino común y -en principio- compartido. Conviene recordar también que, en estas situaciones, el asesor externo (a la sazón, yo misma), persigue un objetivo que es aquél para el que ha sido contratado; es decir, que no está una dando una batalla personal ni peleando por tener la razón.

En aquella reunión, expusimos con concreción las actuaciones específicas que se requerían de su área para avanzar en el proyecto, qué acciones, qué decisiones debían implementarse en su pequeño feudo para poder avanzar en el proyecto, y eventualmente, cumplir el mandato de la dirección, y, más específicamente, del propietario de la empresa.  Había una lista de ocho acciones, del tipo: mandar una comunicación a todos los proveedores informando de…; o solicitar a los principales clientes que nos hagan llegar… ; o analizar el volumen económico de los compromisos comerciales de la empresa para identificar proveedores/clientes de alto riesgo y emprender (o no) determinadas acciones con ellos;…o estudiar la antigüedad de algunos de nuestros acuerdos de colaboración, que hoy en día están inactivos, para decidir si hay que renovar, rescindir o modificar esos acuerdos. Cosas así…

Bien, tras la exposición repasó una por una todas las acciones, y con firmeza, añadió: “bueno, a ver, lo entiendo, eh?, pero…esto no se puede, esto tampoco, esto es imposible, esto ni pensarlo…No, no se pueden hacer, no, ninguna de ellas.” Pronunciaba esas frases mientras iba tachando de una lista las diferentes opciones.

Explicamos que no eran simples ocurrencias, sino que eran acciones que había que hacer para cumplir el propósito marcado por los jefes/propietarios.  Y le invitamos a analizar juntos qué quería decir con su “no-se-puede”.

Y es que esta reflexión es necesaria, no solo en este contexto, sino en todos los planos: personal, profesional, social, educacional, relacional, político… ¿Qué queremos decir, realmente, cuando decimos “no-se-puede”?

Detrás del no-se-puede puede haber un “ufff-esto-es-políticamente-complicado”. Y es que supone un trabajo de diplomacia corporativa que a menudo produce rechazo y echa para atrás; sentarse con alguien que no nos gusta, tener conversaciones que no apetece tener, escuchar cosas que no queremos escuchar… También puede estar el miedo a los dineros; no-se-puede, entonces, es “nunca lo aprobarán, los gastos están contenidos, no se entenderá la inversión… “. Y claro, “yo quedaré expuesto o cuestionado por haberlo planteado”. Otras veces, no-se-puede tiene que ver con la pereza a entablar una batalla interna en la que sabemos que es difícil ganar, por tanto, ni lo intentamos… No-se-puede también significa que alguien no está dispuesto a exponerse o que su energía en ese momento está en otras historias. O tiene que ver con cuán reconocido se sienta alguien en la organización, o se refiere a historias del pasado que no dejaron buen sabor de boca. Y casi siempre, no-se-puede nos conecta con una emoción que, a según qué personas y por sus experiencias vitales, no les permite entrar en un campo determinado.

Realmente, en cualquiera de las situaciones anteriores, lo que existe es un temor a perder el reconocimiento de los demás, a quedar señalado o invisibilizado por no estar en la corriente de la mayoría, y, en último término, una capacidad limitada a defender un espacio propio, espacio de ideas, de opiniones, de propiedad de nuestro lugar. Como siempre, un temor a no ser valorados y reconocidos desde nuestra singularidad. Esa singularidad a la que lleva la determinación y la defensa de lo que uno cree, pase lo que pase, pese a quien pese, y sabiendo asumir las renuncias que implica la batalla elegida.

Por todo ello, he aquí una invitación a pensar, cuando escuchemos no-se-puede, cuántos significados puede llegar a tener esta expresión. Cuántas veces, con un simple no-se-puede, o no-puedes-hacer-eso, alguien consigue echar atrás nuestra decisión. Pero, sobre todo, cuando nosotros mismos la pronunciamos, ¿Qué estamos queriendo decir?  ¿Qué renuncias hacemos? ¿Qué espacio defendemos? ¿Qué queremos decir cada vez que decimos no-se-puede?.

Decía Indira Gandhi, “con el puño no se puede dar un apretón de manos”. Pues con el no-se-puede, sencillamente no se puede.

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Quants nens he tatuat a la meva vida!, va ser la impactant exclamació espontània d’una educadora en escoltar les explicacions sobre la capacitat d’influir que tenim en les altres persones amb les nostres narracions.

Què veiem quan mirem? Quina mirada predominant utilitzem per valorar a les altres persones?

Podem mirar el que manca o valorar el que es té, centrar-nos en l’error i la falta o a reconèixer el fet i la capacitat de fer.

Com podem veure l’alegria d’un nen o nena des de la nostra tristesa? Com podem potenciar les seves fortaleses des del nostre sentiment de manca?

Actuem segons el que sentim, si entrem a l’escola tristos, parlarem des de la tristesa, si tenim esgotament o alegria, farem classes pesades o alegres, i així també ens passa a casa, a la feina i amb les amistats.

Les relacions parteixen de reconèixer a l’altre des de la seva singularitat en totes les seves expressions cognitives, emocionals i relacionals.

Legitimar la singularitat és condició necessària perquè les nenes, nens i joves legitimin als pares i educadors perquè sentin que els poden acompanyar en el seu camí d’aprenentatge i socialització, sense haver de deixar de ser i fer.

Som el que hem incorporat com a propi, de totes les històries que hem sentit sobre nosaltres.

La nostra narració subjectiva del nen, nena o jove, és el resultat de la nostra pròpia història, del que considerem bo o dolent, acceptable o inacceptable segons les experiències viscudes i el que prèviament de nosaltres han narrat altres persones.

Les nostres avaluacions i descripcions dels nostres fills o alumnes, no els defineixen, però condicionen la seva manera de relacionar-se amb nosaltres, amb els altres, en l’ara i en un futur.

Evitem el domini d’un únic relat sobre que és un bon nen o nena, un bon o mal estudiant, determinat per uns nivells de coneixements i comportaments, fruit d’un disseny curricular o d’un estereotip social heretat, allunyat d’interessos i formes de conviure dels qui han d’aconseguir-ho.

Construïm la relació mirant i veient tota les seves potencialitats i fortaleses, reconeguem la seva singularitat, acceptem i treballem plegats perquè puguin construir el seu propi relat, des de la seguretat i la sensació de que a casa i a l’escola, va poder ser.

Deixem de tatuar vides.

Joan Quintana

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¡Cuántos niños he tatuado en mi vida!, fue la impactante exclamación espontánea de una educadora al escuchar las explicaciones sobre la capacidad de influir que tenemos en las otras personas con nuestras narraciones.

¿Qué vemos cuando miramos? ¿Qué mirada predominante utilizamos para valorar a las otras personas?

Podemos mirar lo que falta o valorar lo que se tiene, centrarnos en el error y la falta o en reconocer lo hecho y la capacidad de hacer.

¿Cómo podemos ver la alegría de un niño o niña desde nuestra tristeza? ¿Cómo podemos potenciar sus fortalezas desde nuestro sentimiento de falta?

Actuamos según lo que sentimos, si entramos en la escuela tristes, hablaremos desde la tristeza, si tenemos cansancio o alegría, haremos clases cansinas o alegres, y así también nos ocurre en casa, en el trabajo y con las amistades.

Las relaciones parten de reconocer al otro desde su singularidad en todas sus expresiones cognitivas, emocionales y relacionales.

Legitimar la singularidad es condición necesaria para que las niñas, niños y jóvenes legitimen a los padres y educadores para que sientan que les pueden acompañar en su camino de aprendizaje y socialización, sin tener que dejar de ser y hacer.

Somos lo que hemos incorporado como propio, de todas las historias que hemos oído sobre nosotros.

Nuestra narración subjetiva del niño, niña o joven, es el resultado de nuestra propia historia, de lo que consideramos bueno o malo, aceptable o inaceptable según las experiencias vividas y lo que previamente de nosotros han narrado otras personas.

Nuestras evaluaciones y descripciones de nuestros hijos o alumnos, no los definen, pero condicionaran su manera de relacionarse con nosotros, con los otros, en el ahora y en un futuro.

Evitemos el dominio de un único relato sobre que es un buen niño o niña, un buen o mal estudiante, determinado por unos niveles de conocimientos y comportamientos, fruto de un diseño curricular o de un estereotipo social heredado, alejado de intereses y formas de convivir de quienes tienen que conseguirlo.

Construyamos la relación mirando y viendo toda sus potencialidades y fortalezas, reconozcamos su singularidad, aceptemos y trabajemos juntos para que puedan construir su propio relato, desde la seguridad y la sensación de que en casa y en la escuela, pudo ser.

Dejemos de tatuar vidas.

Joan Quintana

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En las diferentes intervenciones y sesiones con equipos en las organizaciones en las que trabajamos, las acompañamos para configurar relaciones basadas en actitudes, comportamientos y acciones Cooperativas.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que las relaciones profesionales son relaciones activas, donde la capacidad para generar valor en la relación está centrada en un proyecto compartido y donde se generen beneficios para todos que forma parte del proyecto.

A continuación hacemos una lista de los elementos y criterios que, desde el Modelo de Transformación Relacional, configuran los Equipos Cooperativos. De forma metafórica, esta configuración de los equipos se basa en un baile entre el Amor y la Discrepancia.

  • Visión y misión compartida y motivadora.
  • Identificación clara de los beneficios personales y de equipo.
  • El proyecto compartido como escenario de trabajo de futuro.
  • Saber identificar las emociones y gestionarlas.
  • Responsabilidades y autoridades.
  • Aportaciones y necesidades de cada parte.
  • Compromisos y decisiones.
  • Saber plantear las oportunidades de mejora personales y colectivas de forma honesta y transparente.
  • Definición de las alertas.
  • Capacidad para saber modular la posible tendencia al consenso.
  • Aceptación de la discrepancia.
  • Aprender de la discrepancia.
  • Conocimientos para argumentar aportaciones y opiniones.
  • Reconocimiento positivo explícito del otro.
  • Aceptación de la persona (SER), a pesar de la discrepancia de opiniones, acciones (HACER): “Para mí eres totalmente válido e imprescindible porque tu valor es incuestionable. Pero puedo discrepar de lo que dices o aportes”.
  • Escucha profunda para comprender.
  • No permitir conversaciones no tenidas (lo que no se dice públicamente).
  • Transparencia positiva en la discrepancia.
  • No manipulaciones.
  • Búsqueda de soluciones versus la búsqueda de culpables.
  • Saber diferenciar entre los problemas, las discrepancias y conflictos.
  • Facilitar la expresión del conflicto, si aparece.
  • Trabajar desde nuevas preguntas para ampliar miradas y soluciones.
  • Actitudes y comportamientos desde la humildad, el respeto, la transparencia, la consideración, la crítica constructiva.
  • Tener razón versus aportar.
  • Discusión sobre hechos no desde la persona, el equipo.
  • Manifestar claramente lo que molesta.
  • Aprendizaje de los errores.
  • Mirada de los matices.
  • Atención a las quejas, que son diferente de la discrepancia.
  • Buen humor, optimismo y alegría.

Joan Quintana y Gemma Segura 
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En les diferents intervencions i sessions amb equips en les organitzacions en les que treballem, sovint les acompanyem per configurar relacions basades en actituds, comportaments i accions Cooperatives.

El primer que cal tenir en compte és que les relacions professionals són relacions actives, on la capacitat per generar valor en la relació està centrada en un projecte compartit i on es generin beneficis per a tothom que forma part del projecte.

A continuació fem una llista dels elements i criteris que, des del Model de Transformació Relacional, configuren els Equips Cooperatius. De forma metafòrica, aquesta configuració dels equips es basa en un ball entre l’Amor i la Discrepància.

  • Visió i missió compartida i motivadora.
  • Identificació clara dels beneficis personals i d’equip.
  • El projecte compartit com a escenari de treball de futur.
  • Saber identificar les emocions i gestionar-les.
  • Responsabilitats i autoritats.
  • Aportacions i necessitats de cada part.
  • Compromisos i decisions.
  • Saber plantejar les oportunitats de millora personals i col·lectives de forma honesta i transparent.
  • Definició de les alertes.
  • Capacitat per saber modular la possible tendència al consens.
  • Acceptació de la discrepància.
  • Aprendre de la discrepància.
  • Coneixements per argumentar aportacions i opinions.
  • Reconeixement positiu explícit de l’altre.
  • Acceptació de la persona (ÉSSER), malgrat la discrepància d’opinions, accions (FER): “Per mi ets totalment vàlid i imprescindible perquè el teu valor és inqüestionable. Però puc discrepar d’allò que dius o aportes“.
  • Escolta profunda per comprendre.
  • No permetre converses no tingudes (el que no es diu públicament).
  • Transparència positiva en la discrepància.
  • No manipulacions.
  • Cerca de solucions versus la cerca de culpables.
  • Saber diferenciar entre els problemes, les discrepàncies i els conflictes.
  • Facilitar l’expressió del conflicte, si apareix.
  • Treballar des de noves preguntes per ampliar mirades i solucions.
  • Actituds i comportaments des de la humilitat , el respecte, la transparència, la consideració, la crítica constructiva.
  • Tenir raó versus aportar.
  • Discussió sobre fets no des de la persona, l’equip.
  • Manifestar clarament allò que molesta.
  • Aprenentatge dels errors.
  • Mirada dels matisos.
  • Atenció a les queixes, que són diferent de la discrepància.
  • Bon humor, optimisme i alegria.

Joan Quintana i Gemma Segura

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Dice Gerald Hüther en su libro La evolución del amor que el fenómeno más fascinante generado por la evolución en la tierra es el amor.

Entonces es que el amor existe y quien cree en él puede mover montañas y pasar por encima de su propia sombra. Hablamos de amor como un sentimiento para referirnos al afecto, la entrega, el vínculo, el apego, la simpatía, la pasión, el deseo. Todo ello está asociado al amor.

Pero ¿sabemos por qué existe el amor, de dónde viene y para qué sirve? La forma en la que las personas usamos el pensamiento y lo que producimos con él depende del sentimiento que lo domine, de la motivación que lo promueve y de los propósitos que haya detrás. Por ello si el egoísmo se convierte en el motivo que conduce el pensamiento, el sentir y el actuar el amor no tiene espacio para expresarse y crecer.

El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo entre las personas, un sentimiento de vínculo y pertenencia que permite la vida y la supervivencia en un mundo cambiante y repleto de amenazas. Cuanto mayor es el sentimiento de pertenencia, cooperación y solidaridad mucho más fácil resulta sacar provecho de las capacidades y habilidades físicas, mentales y espirituales. Es ese sentimiento que nos lleva a identificarnos con los otros y a poner todo lo que sabemos, conocemos y experimentamos -nuestro talento-, al servicio de preservar el bienestar del grupo.

Hace unos meses nos contaba Ignacio Martínez Mendizabal, en el primer encuentro Conversaciones, Relaciones y CopasJuntos, la clave del éxito“, que las comunidades humanas solo pudieron sobrevivir e imponerse porque poseían un fuerte sentido de pertenencia y estuvieron en condiciones de aprovechar para su supervivencia las fuerzas y las capacidades liberadas por el sentimiento de amor. Eran las relaciones sociales las que determinaban para qué y cómo los hombres utilizaban el cerebro. Era el vínculo primario, esa relación emocional original que se desarrolla con las personas de referencia y que llamamos amor, ese fuerte vínculo emocional de cada persona con su comunidad lo que se convirtió en el impulsor decisivo para el despliegue de las potencialidades intelectuales y emociones de la humanidad. Evidente, entonces, que el amor no tiene límites.

Pero, para que ese amor no tenga límites es necesario vivirlo en vez de interpretarlo, es necesario ponerle acciones, conductas y comportamientos que orienten el amor. En nuestras manos está decidir según qué leyes orientamos nuestras acciones, si de acuerdo con las del egoísmo y la insolidaridad, que llevan a separarnos o según las de un mundo que confluya hacia un mismo punto de unión. Un mundo donde prime la tendencia de entrar en resonancia con la energía y la expresión del amor.

¿Cómo? Trabajando el vínculo social para tejer una verdadera red social de amor, por la vía del sentirse parte de una comunidad para tener experiencias de ser parte de un todo, ya que solo es posible encontrar la confianza y la seguridad contribuyendo a consolidar la cohesión dentro de esa comunidad. Porque solo cuando el arraigo es lo suficientemente amplio y disponemos de un amplio saber y variadas competencias, puede formarse la capacidad de aceptar y promover la responsabilidad social.

Quien de repente está en condiciones de ver lo que nunca ha visto antes empieza a pensar de manera distinta, un modo de pensar sintético y cohesionador que hace posible el surgir de una biología futura del amor. Si miramos con más amor y hablamos con más amor, sentiremos con más amor. Un amor que no radica en conseguir un fin propio, ni utilizar a otros como objetos o medios para conseguir un fin, sino que radica en considerar al otro como lo que es, un legítimo otro, una Persona. Un amor que radica en inspirar, ayudar, animar, cuidar y acompañar a los otros para que juntos desarrollemos todo nuestro potencial. Porque no se trata sólo de estar juntos o unidos por causas externas, sino de ayudarnos conjuntamente a crecer y al mismo tiempo ayudarnos a ser libres, para establecer una verdadera “red de amor”.

En la contra de La Vanguardia de ayer, 27 de febrero de 2018, Juan Echegaray, doctor en Biología, especializado en biología celular y neuroanatomía, decía que cuando actuamos sin amor –en contra del amor dice él-, dejamos de lado la armonía y la perfección. La falta de amor son el motivo por el que existe desarmonía en nuestro planeta o la causa de todo dolor, pero la solución está en nuestras manos y se llama amor.

Estamos en condiciones de crecer unidos, de improntar en el cerebro un sentimiento de vínculo estrecho entre los miembros de la familia, las amistados, las organizaciones, las comunidades cada vez mayor, porqué lo más importante en el mundo actual son las relaciones sociales y los vínculos que socialmente podemos, sabemos y debemos tejer. Estamos en condiciones de compartir, que es más inteligente y sabio que poseer y tenemos argumentos para describir esta forma de ver el mundo porque podemos, entre todos, cambiar la fuerza motora que contiene la energía del vínculo de amor. 

Solo así podemos seguir siendo lo que de verdad somos, pura energía de amor. Existen dos posibilidades para conseguirlo: o conseguimos superar nuestros miedos más internos y pensar de forma sabia y armónica o seguimos tratando de necia a nuestra sabiduría. 

¿Qué camino decidimos? Yo lo tengo claro, me apunto a tejer una verdadera Red Social de Amor.
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