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Un año en el camino

Hace ya un año que estoy en el camino de la independencia profesional. Os comparto mis principales lecciones aprendidas, por si os puede resultar útil, o divertido, o las dos cosas… En el último año he aprendido:
  1. Es una gran idea invertir en  “muestras gratuitas”. Sí, como hacen las empresas de cosmética: “Trial Size”. Ofrece una cata, una pequeña sesión de trabajo en la que puedas mostrar  tu potencial y lo que sabes hacer, para que las organizaciones puedan probar tu metodología. Casi nunca es un gasto, casi siempre una inversión.
  2. Reparte tu tiempo entre producir, vender y perseguir los cobros. Cada día o cada semana dedica tiempo a las tres cosas. Si no equilibras bien esto, puedes morir de éxito, de sequía, o como acreedor. (este aprendizaje se lo debo a F. Gardeta)
  3. Voy distinguiendo a los clientes comedores de tiempo, que no saben bien lo que quieren, pero te piden varias versiones, con distintos grados de detalle, en varios formatos y colores, Y sabes casi desde el principio que no llegarás a ningún acuerdo.
  4. Con todas las colaboraciones y clientes, puedes crecer. Todo lo que hagas puede ser enriquecedor, si sabes extraer el aprendizaje. Aprendes y creces cuando adquieres nuevos conocimientos, trabajas en un sector que no conocías, entablas relación con nuevas personas. Eso sí, hay que leerse los papeles e interesarse.
  5. Los proyectos que aparentemente no te aportan nada, también tienen una lección. Puede que la lección sea “no volver a trabajar con esta organización”. Eso, en sí mismo, es un aprendizaje. Los clientes complicados y difíciles también nos enseñan mucho.
  6. Lo más valioso que tienes es tu tiempo. Si no gestionas esto, no podrás gestionar bien lo demás. Pero la suerte del autónomo es ésta: lo gestionas tú. Es cierto que los clientes te marcan el paso y te requieren y te cancelan y te cambian, pero eres dueño de una parte importante de tu tiempo. Dedica tiempo a gestionar tu tiempo. Planifica, organiza y controla.
  7. Haz cosas sólo porque te apetece o te motivan. Trabaja pro-bono si te lo puedes permitir. No dejes de leer, de asistir a conferencias que te interesan,  de tomar un café con alguien sin ningún objetivo de negocio. Disfruta. No todo lo que haces tiene que ir directa o inmediatamente a la caja. A la larga, esos cafés también construyen.
  8. Actualiza y revisa tus planteamientos. Si todo lo que aprendes no te lleva a mejorar, no sirve de nada. Si no vas evolucionando, habrá sido un aprendizaje a medias. Rectifica, deshaz tu web y vuelve a hacerla, cambia tu forma de explicarte si no está siendo útil. Da marcha atrás si es lo que sientes que has de hacer. No te aferres. Prueba. Se valiente. Haz cosas nuevas en las que vuelvas a sentirte inseguro y vulnerable. Sal de tu zona de confort y ponte retos a ti mismo. Supérate. No te quedes donde estás porque “es tu sitio” o porque “lo haces bien”. Hay más sitios, y puedes hacerlo mejor…
  9. Valora el precio hora/hombre. Entre hacer todo uno mismo, y pagar varias nóminas, hay un amplio abanico de opciones.  Párate a pensar si tiene sentido que hagas tú mismo la contabilidad, la mensajería, la impresión y encuadernación de documentos y las gestiones administrativas. O si tu hora vale más y puedes apoyarte en alguien que te libere de estas tareas, y poner tu tiempo en cosas que no es posible delegar.
  10. Sigue caminando. Hay trechos muy áridos. Hay semanas enteras sin una llamada o un email alentador. Hay respuestas que no llegan nunca. Pero eso no significa que no estés en el buen camino. Y recuerda, si estás atravesando el infierno, lo mejor que puedes hacer es seguir caminando. Persevera.
Dentro de un año, algunas lecciones más. Seguro.

Y gracias a todos los que me habéis acompañado en ello. 🙂