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Sobrevivir más allá de los avatares del entorno es el objetivo de toda organización. Con nuestra inteligencia desarrollamos estrategias para aumentar nuestra capacidad de anticipación y de acción ante la incertidumbre del entorno. Diferentes grados de inteligencia definirán diferentes capacidades para seguir vivos.

  • Inteligencia Nula o de grado 0: No anticipamos nada. Respondemos mansamente a la incertidumbre. Simplemente nos encontramos situados en un entorno. Es la inteligencia de una piedra.

  • Inteligencia Rígida o de grado I: Seguimos un único plan A. Somos capaces de anticipar una incertidumbre que se repite. Nuestras verdades no caducan. Si la repetición no se cumple desaparecemos. Es la inteligencia de una hormiga.

  • Inteligencia Flexible o de grado II: Seguimos con un plan A, pero si falla, somos capaces de buscar un plan B. Aprendemos de ciertas contingencias del entorno. Nuestras verdades caducan sólo frente a ciertas contingencias. Es la inteligencia de un pulpo.

  • Inteligencia Adaptativa o de grado III: Evaluamos una situación particular y, en función del resultado, desprogramamos ciertos automatismos y actuamos de manera diferente. Nuestras verdades cambian pero no mucho más allá de la contingencia particular. Es la inteligencia de un perro.

  • Inteligencia Simbólica o de grado IV: Somos capaces de descubrir la esencia común en dos casos diferentes. Comprendemos los mecanismos que los diferencian, nombramos, priorizamos, sistematizamos, clasificamos, abstraemos y concretamos. Es la inteligencia de un humano, la cultura.

Tomemos esta clasificación como un fractal universal y apliquemos su forma a un sistema organizacional. La pregunta se formula sola: ¿De cuánta inteligencia de grado IV contamos “realmente” en nuestra organización”? ¿Y en los comités de dirección? o, por el contrario ¿tiene nuestra organización la inteligencia de una hormiga? Ya que, como dice Wagensberg:

“La inteligencia de grado IV es la única que cambia por oficio y es, por lo tanto idónea para seguir vivo en un mundo cambiante. Con ella incluso se puede, por ejemplo, organizar la convivencia humana. Aunque se nos olvide cien veces al día.”  

Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948) es doctor en física y profesor de teoría de los procesos irreversibles en la Universidad de Barcelona. Además de investigador, es un dinámico animador del debate de ideas, lo que le ha valido, entre otros, el Premio Nacional de Pensamiento y Cultura Científicos en Cataluña. Es director de la colección Metatemas de Tusquets desde su creación en 1983. Tras haber dirigido durante quince años CosmoCaixa, referente de los museos de la ciencia de todo el mundo, fue también director científico de la Fundación “la Caixa” y en la actualidad elabora el proyecto de un gran museo sobre Ciencia y Arte: El Hermitage Barcelona.

Lecturas recomendadas: La Rebelión de las Formas (Jorge Wagensberg); Si la Naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? (Jorge Wagensberg); A más Cómo menos Por Qué (Jorge Wagensberg). Todos en la Colección Metatemas Ed Tusquets.
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