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Los celos son una emoción que podríamos explicar como el miedo a perder el afecto del otro, o su preferencia.

Cuando nace el primer hijo, tendemos a dedicarle toda nuestra atención. Nosotros, los padres, también nos fascinamos cuando descubrimos las emociones que nos genera su primera sonrisa o sus primeras palabras. Muchas veces, este primer hijo también coincide en ser el primer nieto, el primer sobrino (por ambas partes o por una), y es entonces cuando la atención y el protagonismo al que se acostumbra este niño es realmente muy importante. Cuando nace el segundo hijo, por más que hayamos preparado y hayamos hecho participar del nacimiento de este nuevo hermanito, el hijo mayor deberá aprender una gran lección: deberá aprender a compartir el padre y la madre.

Muchas veces atiendo consultas de padres que llevan a su hijo mayor por problemas de conducta y que no han relacionado nunca con los celos del hermano. A menudo siento expresiones del tipo: “No tiene celos, porque a su hermano lo quiere mucho” o bien “no puede tener celos porque nosotros hacemos lo mismo por el uno que por el otro”. La verdad es que los celos son uno de los temas que nos generan más confusión como padres. Tenemos tendencia a interpretar los celos como la capacidad de querer o no al hermano, cuando en realidad se trata de interpretarlos como un miedo a perder el afecto de los padres; miedo a que el otro hermano pueda ser el preferido.

Los síntomas principales que se manifiestan por celos son: regresiones (cuando hábitos ya adquiridos, como comer o el control de esfínteres, vuelven a ser un problema), reducción de la espontaneidad, disminución de la actividad general, introversión, sentimiento de pérdida grave y angustia.

La conducta provocativa hacia el adulto, objeto de su “desamor”, generalmente acostumbra dirigirse hacia la madre porque suele ser la figura que cuida del bebé por más tiempo y también es quien suele tener un vínculo de afecto más fuerte con el hermano mayor. El niño siente que necesita el amor de la madre, pero a menudo puede sentir que ésta no se lo da porque lo da todo al hermano pequeño. También pueden manifestarse conductas de agresividad contra la persona amada o bien contra el rival. Estas conductas siempre vendrán marcadas por una fuerte ambivalencia entre sentimientos de rabia y de culpa. Los celos pueden llegar a ser una emoción que se manifieste con mucha intensidad. Así, pueden llegar a provocar trastornos funcionales, sean del sueño, de los hábitos alimenticios, de la motricidad, de la atención y, en consecuencia, del aprendizaje y del rendimiento en general.

¿Qué pueden hacer los padres si aparece este sentimiento de pérdida?

En primer lugar, hace falta saber comprender; hace falta saber interpretar la conducta de nuestros hijos para poder dar la respuesta adecuada. Es importante que delante de una conducta desafiante o provocativa de nuestro hijo, si vemos que estas son debidas a un sentimiento de celos que experimenta, no le respondamos con un tono más alto y con más provocación, sino al contrario: poner límites o castigos (siempre pequeños y puntuales). Tampoco debemos olvidarnos de hacerle saber que estamos muy tristes de tenerlo que castigar porque lo queremos mucho.

En segundo lugar, dejaremos que se pueda sentir niño durante un breve período de tiempo al día (quince minutos, por ejemplo). Va muy bien instaurar un “momento mágico” donde juguemos con nuestro hijo mayor a ser más pequeño. Podemos hacerlo reviviendo momentos que él haya vivido mediante fotos o vídeos que tengamos. También podemos cantarle las canciones que solían escucharse, contándole las cosas o anécdotas que recordemos, etc. Hace falta proporcionar un pequeño espacio donde él pueda revivir las mismas sensaciones que cuando tenía la misma edad que su hermano pequeño. Esto ayudará a volver a recuperar el vínculo con la madre que él siente que puede perder.

Por otra parte, le contaremos un cuento. Nos podemos ayudar de la idea de que el corazón de los padres y las madres crece con cada hijo que tienen y que cada hijo tiene un trozo del padre y uno de la madre que será sólo para él.

También diferenciaremos claramente cuando la conducta provocativa de nuestro hijo viene dada por un sentimiento de celos o bien por una cuestión de poder que, según la edad, intenta poner sus límites y ver hasta dónde puede llegar. Consultaremos con un profesional cuando las respuestas sean exageradas y veamos que se genera una dinámica relacional y familiar insana.

Finalmente, hace falta recordar que el trabajo que los padres es de ayudarlos a crecer. Afrontar la frustración que puede suponer el sentimiento de pérdida de exclusividad y aprender a compartir la estima de los padres con el hermano o hermanos. No obstante, no debemos olvidar que esta nueva experiencia será una nueva oportunidad de crecimiento para nuestro hijo.
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