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Hace unos años, había un niño que jugaba en la calle. ¿A qué jugaba? Pues a correr detrás de una pelota con sus amigos, esforzándose en meter un buen gol que le diera la victoria a su equipo de niños de Barcelona que pasaban las vacaciones, frente al equipo de los niños que vivían todo el año en el pueblo costero.

Su crecimiento racional seguía el camino de los libros de la escuela, de las lecciones de los maestros, de los ejercicios en casa y los consejos de sus padres. Su crecimiento emocional, iniciaba la construcción de un gran puente, para llegar a tiempo al increíble baile que la cercana adolescencia unían hormonas y sentimientos.

Un niño, que como muchos y muchas, poco a poco dejaba de serlo. Le esperaban experiencias cargadas de emociones que le pondrían en contacto con el compañerismo, la amistad, la competitividad, la cooperación, la alegría, los enfados, la libertad, el enamoramiento, la sexualidad. Piezas claves para crear puentes, que le adaptasen a la vida y le llevaran a ser adulto.

Pero esta construcción del puente, se quebró de golpe. Esa misma tarde, mientras corría detrás de la pelota, sus padres le llamaron, se tuvo que vestir de adulto, y empezó a trabajar en una conocida heladería del pueblo de la costa donde pasaba sus vacaciones.

¿Que ocurrió con los puentes?

Desde la psicología nos dirán que se hizo un paso de la infancia a lo pseudo adulto en muy poco tiempo, en días. La necesidad de adaptarse al mundo de los adultos, percibido como desconocido y exigente, hizo que lo racional adquiriera mucha fuerza para sobrevivir; dejando a medias la construcción de los puentes emocionales. Con el paso del tiempo la gestión de las emociones en construcción, que ayudan a relacionarse desde el amor, desde la estima, desde el respeto, desde la cooperación y desde la confianza no estaban aún interiorizadas, ni preparadas para ponerse en práctica en los nuevos y exigentes espacios vitales.

El niño, ahora ya un adulto se inventó una burbuja entre la razón y las emociones para escapar y protegerse, interpretando personajes para sobrevivir. Personajes donde ya no era él mismo, porque ni se conocía ni entendía lo que sentía. El niño y sus emociones,  vivían en dos mundos paralelos que pocas veces se encontraban.

Esta historia, sin ser traumática, nos muestra la importancia de los puentes emocionales para crecer con equilibrio entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos. Actualmente lo racional es muy poderoso y la conexión con lo emocional en muchos casos se debilita o incluso se frena. La sociedad con sus modelos que nos rigen, así lo dicta, aún no siendo lo deseable, ya que lo racional sin lo emocional no es equilibrio.

Este modelo social arrastra a los entornos educativos en nuestros colegios, cada vez más racionales y donde memorizar se premia, mientras se reducen los espacios de convivencia para mostrarse y acercarse a los otros. Así se configuran nuevos espacios lúdicos, en los que prima lo individual, conectados a juegos y redes sociales;  vía tablets informáticas o móviles de última generación. Creyendo que la individualidad es un valor infinito y super poderoso. Estos espacios individuales, bloquean las emociones, que se expresan con dificultad, siendo mal interpretadas o peor aún, silenciadas para siempre.

Nuevos sistemas educativos se han dado cuenta, y generan nuevos procedimientos donde lo racional y lo emocional conviven, y se dan las capacidades suficientes para crear los puentes para que las emociones transiten, y permitan un futuro equilibrio vital. Pero aun así, deben luchar con adolescentes encerrados en su mundo, donde juegos de ordenadores, redes sociales y miles de mensaje configuran unas bases muy débiles para crear los puentes que necesitan.

Pero hay esperanza, gracias a miles de momentos cargados de ilusión que podemos encontrar en cualquier rincón donde vivimos, y tejiendo invisibles puentes emocionales, conectamos con ellos.

Tarde del final de este verano, en una de las plazas de Barcelona, donde los ciudadanos son libres, para convivir con sus vecinos. Plaza donde se vuelve a correr detrás de una pelota, se habla, se lee, se toma un refresco, se saborea un helado, se ríe, se cuentas historias y se comenta la vida. Tarde donde el Mediterráneo lo inunda todo, con el color azul del cielo, el olor del mar en el aire y el calor del sol que empieza a despedirse hasta el próximo día.

En esta plaza, llegan una madre y su hija de seis años, y buscan una farola. Sacan una cuerda de saltar, atándola por un extremo, mientras por el otro la madre la sujeta, para empezar una danza de giros, que permiten a la niña iniciar saltos y acrobacias llenas de energía. Poco a poco, se convierten en el centro de atención de toda la plaza, mientras un suave silencio la inunda, escuchándose solo el clack, clack de la cuerda al rozar el suelo, y una suave melodía de una canción que acompaña los saltos (un i dos la carrantxa, un i dos a peu coixet).

Las golondrinas en plena faena de caza, vuelan muy cerca y miran la escena sonriendo mientras driblan la gravedad. Una sonrisa de golondrina, que se va transmitiendo a muchas persona que están en la plaza. Dos niñas piden entrar en el turno de saltos, una madre se acerca y coge el extremo agarrado a la farola, y dar así más brío al giro de la cuerda, mirando con complicidad a la otra madre, que le sonríe con asentimiento. Al momento tres niñas más entran en el juego, y dos niños miran con asombro y diversión. Otras madres recuerdan las mismas emociones de cuando eran niñas en el patio del colegio y, se acercan creando un corro íntimo, donde puentes invisibles las unen a lo que sentían de pequeñas. Y una abuela sentada con su hija comenta en voz llena de entusiasmo que ella también jugaba.

Mientras, la canción que acompaña el giro de la cuerda y los saltos de los niños y niñas que hacen cola, suena con más ritmo (un i dos la mà enlaire, un i dos bras en creu, un i dos mitja volta….). La plaza sonríe, sonríen los niños y niñas que saltan, sonríen las madres que hacen voltear la cuerda, sonríen las que miran y cantan, sonríen los padres que alucinan, sonríe el camarero que aprovecha para descansar ….. y puentes invisibles de emociones se construyen entre todos los que ocupan la plaza mientras sienten y conviven.

Érase un vez un niño, que sentía que las emociones están para vivirlas y crecer con ellas.
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Líder: Hoy por hoy, dícese de aquel o aquella profesional, que dirige, gestiona y desarrolla equipos de personas; para conseguir objetivos retadores, optimizando los recursos, administrando presupuestos ajustados y generalmente en entornos complejos.

Difícil, ¿no? Pues es lo que a los líderes de las organizaciones, sean directores, responsables, gestores, supervisores, jefes, propietarios; se les pide. Actualmente los programas de liderazgo permiten trabajar y desarrollar las habilidades que los responsables necesitan; que junto al acompañamiento directivo, les facilita, conocer, concienciarse y perfeccionar, acerca de lo esperado en su rol. Y sobretodo en la gestión de las personas de sus equipos.

Los líderes aprenden, acerca del trabajo en equipo, en la mejora de la comunicación con las personas de sus equipos y en desarrollarlos para ser mejores profesionales. También aprenden a potenciar el talento interno de sus equipos sin miedo, a manejarse en la gestión del conflicto, a esforzarse en motivar a sus equipos, y en cuidar el ambiente de trabajo…..junto con muchas más aptitudes y actitudes que deben aplicar. Y esto no es fácil, sino al contrario, es muy difícil porque liderar necesita de mucha atención y cuidado, sin perder nunca de vista los objetivos y los resultados exigidos como directivo.

Desde la larga experiencia, en la gestión y mejora del desarrollo directivo en organizaciones de diferentes sectores, te das cuenta que llegar al máximo efecto del liderazgo no es solamente difícil, sino que roza lo imposible. Pero también, desde el conocimiento adquirido podemos conseguir que el efecto del liderazgo llegue a máximos. Para ello debemos entender una sola premisa: “se llega al máximo nivel cuando el liderazgo es compartido”. Esta claro que el liderazgo tiene que ser articulado por el responsable, el director, el gerente o el jefe; pero siempre dejando participar a los miembros de sus equipos en el liderar. Es aquí donde el papel de los equipos se convierte en determinante, porque son ellos, los que van a facilitar y posibilitar formas de trabajar y de relacionarse que sean, por un lado altamente eficaces y por otro lado poco tóxicas.

Todos los miembros del equipo, sea cual sea su categoría o rol; saben que también intervienen en el liderazgo que su responsable debe aplicar. Por tanto también lideran. Es esencial que todos los miembros de un equipo, entiendan que son parte de un sistema de trabajo donde las relaciones personales y profesionales, podrán facilitar o por el contrario bloquear las efectivas conductas de liderazgo.

Así pues, mientras los responsables, entienden, asumen y aplican habilidades para ser un buen directivo, cada uno de los profesionales que forman un equipo deben entender, asumir y aplicar habilidades para ser un buen profesional, y entre ellas el ayudar a su líder a ser un buen líder. Todos los puestos de trabajo son de suma importancia, donde, actualmente cumplir lo exigido ya no es suficiente, sino que hay la necesidad de velar por aportar más calidad y más eficacia.

Trabajar bajo esta mirada, debe configurar el ADN de cualquier institución u organización, y aún más en entornos de mercados complejos y exigentes. Esto, permitirá aportar servicios y productos que en su conjunto generarán las diferencias sustanciales para posicionarse positivamente con los clientes. Las relaciones que se establecen en los equipos van a ser básicas para el buen funcionamiento de los procesos de trabajo; pero además reconocer la presencia, las funciones y las responsabilidades de su líder (independientemente de afinidades personales), facilitará entender porque se decide lo que se decide.

Y el resultado serán entornos de trabajo, donde el respeto y la confianza, son los factores claves para el desarrollo interno de las relaciones. Cuando un profesional de un equipo, se implica, se compromete, se orienta a sus clientes, planifica, gestiona sus tiempos, trabaja en equipo, es riguroso y trabajador; se está liderando, y la suma de todos ayuda de manera directa a su responsable a liderar con un alto rendimiento. Como vemos, absolutamente todos lideran.

Y todo esto ¿porque? Porque es evidente que el liderazgo, requiere un esfuerzo mayúsculo, como ya hemos comentado; pero abordándolo bajo esta doble visión, el lenguaje utilizado será el mismo para todos (lideres y equipos), el contenido de lo que se pide será entendido, la implicación en lo que hay que hacer no traerá dudas ni interpretaciones incorrectas; permitiendo por fin un liderazgo, eficaz, real y activo. Se generarán espacios de conversaciones poderosas, tanto profesionales como personales, se corregirá y se aprenderá de los errores, se focalizará en resultados con el máximo esfuerzo, se generará una dirección donde todos a una aportarán sus fortalezas.

Y todo ello fácilmente y sin tensiones. Y así, liderar se convierte en una pasión. Una pasión por gestionar y desarrollar personas, una pasión por conseguir objetivos, una pasión por trabajar bien, una pasión por atender a los clientes, una pasión por producir con calidad, una pasión por vender y una pasión en trabajar.
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Hoy en día, en nuestro mundo cómodo y poco transgresor, se establece un desequilibrio cada vez mayor entre lo cercano y lo lejano. Estos dos conceptos son muy subjetivos, donde cada uno lo entendemos según nuestros propios valores, nuestra historia personal y nuestra forma de ser.

Diferentes autores explican lo que yo entiendo por lo lejano. Destacan el sociólogo Zygmunt Bauman con su ya archiconocida explicación acerca de las sociedades líquidas, donde hay un exceso de velocidad en la percepción de la información, una excesiva velocidad al contactar las emociones que sentimos y un fuerte desarraigo por saber donde estamos y quienes somos.

También me ayuda a entender que es lo lejano, por medio de las explicaciones del científico Richard Dawkins, que con su teoría del gen egoísta nos explica que desde lo único y lo individual crece la probabilidad de adaptarse mejor al medio y con ello asegurar la continuidad de lo humano como especie, sin depender en exceso de la colaboración y la cooperación.

Seguramente hay más ejemplos teóricos que nos permiten identificar lo lejano; pero lo lejano no mola, así de sencillo y de claro. No me gusta que cuando voy al médico no me mire, no se interese por lo que siento y solo mire y se interese en una pantalla de ordenador donde carga fichas de pacientes, no mola. No me gusta que cuando te acerques a una ventanilla de atención al cliente te miren, traten y hablen como si fueras una molestia, no mola. No me gusta que cuando le pido a mi entidad bancaria que me aclare dudas de una comisión cobrada, use un lenguaje difícil de entender, no mola. No me gusta que cuando tengo que hablar de un problema en el trabajo nos pongamos los guantes de boxeo para ver quien la da más fuerte, no mola. Es verdad que nos adaptamos a ello, ya nos lo aclaró Dawkins, pero si nos detenemos un momento a reflexionar nos damos cuenta de que francamente, no mola.

Acerca de lo cercano, puedo encontrar muchos autores que me ayuda a conectar, pero me gustaría explicaros una situación paradójica que me dio sentido al concepto de cercanía. Un alto directivo (Chief Executive Office) de una de las principales compañías de seguros a nivel mundial, y en plena fase de fusión con otras compañías inmensas, dentro de un escenario dantesco donde fagocitarse entre ellos es deporte olímpico; emitió un video corporativo interno a todos sus empleados. En este video introdujo un concepto mediante una palabra que a mí, como profesional de Recursos Humanos me llamó enormemente la atención, la palabra en francés, es le candeur.

¿Pero que es le candeur? Tomándolo en toda la extensión de su sentido, le candeur sólo lo encontramos en la niñez, donde no se conoce la falacia, ni el peligro de ser atacado. La naturalidad se convierte en una herramienta para decir y pensar lo que se quiera desde el corazón. Es cierto que puede indicar cierta ingenuidad, pero ser ingenuo mola porque detrás hay la buena fe, cierta inocencia, la no necesidad de disfrazarse para ser uno mismo, permitiendo ver y comprender aquellos que nos rodean.

Y esto si que mola, porque mola no desconfiar, porque mola no ser negativo, porque mola no excluir y porque mola comprometerse; con los demás.

Es curioso que le candeur y el concepto que transmite, lo haya escuchado de profesionales con una orientación muy alta a lo mercantil, a lo económico, a las decisiones calculadas y si queréis hasta frías, pero seguramente por ello tuvo más relevancia.

Así, pues le candeur, mola, porque si reflexionas te das cuenta que genera cercanía. Que un profesor te escuche y te mire mientras conversas sobre algo que te preocupa de tu hijo, pues mola. Que un médico te pregunte, se interese, te toque y adapte lo que tenga que decirte a tu estado de ánimo, pues mola. Que un profesional de la atención al cliente disfrute con su trabajo y sea capaz de informarte y ayudarte de manera auténtica, pues mola. Que un empleado de banca te explique como funciona un producto, con sus pros y sus contras, pensando más en crear confianza y menos en su comisión, pues mola.

Necesitamos estar cerca, que nuestras relaciones sean ricas, intensas, auténticas, con emocionalidad, con reconocimientos, con escuchas, por que mola. Claro que podemos actuar sin le candeur, pero en el fondo no nos mola. Fijaros en las redes sociales, son grandes motores de cercanías y lejanías, estamos cómodos sentados en el sofá de casa viendo que hacen nuestros amigos, pero seguramente no hablamos con ellos durante meses, la red social nos ayuda a conocer pero nos aleja de nuestros seres queridos, sino fijaros en los videos virales que circulan por la red de carácter emotivos y cargados de candeur (gatitos, niños, personas bondadosas), nos molan y nos emociona mucho. Utilizemos las redes pero para relacionarnos más y mejor.

Tenemos que ser capaces de dar un espacio dentro de lo líquido y de lo egoísta, al candeur y permitir que las relaciones sean más presentes. Que el candeur llegue a los jóvenes que no están viendo un futuro claro, a los clientes que buscan una atención de calidad, a la gente mayor que están asustados con la soledad con la que conviven, a los enfermos que están preocupados por su salud, a los padres que quieren a sus hijos y a los hijos que están aprendiendo a relacionarse. También a los empleados que están trabajando mucho y a los directivos que se esfuerzan en gestionar mejor cada día. Introducir pequeñas dosis de inocencia, transparencia, comprensión, escucha, estima, reconocimiento, cada uno con su estilo y de la forma más fácil posible, generan candeur. Dándonos una sonrisa, una mirada, una conversación, una caricia, un abrazo, un lo que creamos que aporta candeur, nos irá acercando.
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Profundizando cada día más en el modelo relacional del Instituto y disfrutando de su aplicación real, tanto en entornos educativos, organizativos y sociales; es fácil vivirlo en espacios muy próximos y emocionales. Si hablamos del mundo del deporte, sin duda el campo de actuación es impresionante.

Mi deporte está relacionado con el mar, con las olas y con el viento, donde se establece una simbiosis única con elementos naturales que permiten a la mente y al cuerpo abstraerse de todo y centrarse en un reto que se convierte en goce o aprendizaje. El windsurf es caminar por el agua y es de los pocos deportes que te transportan a otro mundo.

Me explico.

Estando en Maui, una de las islas de Hawaii, en su North Shore donde no hay turistas ni nada parecido, y donde solo viven surfistas procedentes del todo el mundo esperando que las potentes borrascas de Alaska envíen masas gigantes de agua, que al llegar a las islas hawaianas se encuentren con fondos de roca perfectamente orientados, para que formen olas perfectas y potentes. Allí conocí a uno de los hijos de un conocido fabricante de velas americano, Graham. Verlo surfear era una delicia y comentando con él su estilo y su alto nivel que le permite competir en la Copa del Mundo, me explicó que se debía a un largo y profundo aprendizaje, donde su relación con el océano requería estar siempre aprendiendo a base de ensayo y error.

Graham dijo dos palabras claves: relación y aprendizaje.

Navegar y surfear en Maui no es fácil, requiere conocer bien el océano y tener experiencia, pero aún así casi empiezas de cero. Las olas tienen mucha fuerza, las rocas siempre están cerca y amenazan tu integridad física o romperte la tabla, los otros surfistas son profesionales y compiten por coger la ola y para más inri si te pasa algo las corrientes te sacan océano fuera y allí es territorio del tiburón tigre que gasta malas pulgas.

Y en esta isla estaba mi reto. Establecer internamente la óptima relación con el entorno y con cada ola que quería coger, para aprender, sabiendo que el nivel de exigencia es máximo. Aplicar mentalmente el modelo relacional me ayudó enormemente para navegar. Ordenó la cascada de emociones que te sobrevienen, basadas en la ilusión, la alegría, el miedo, la frustración, la humildad e incluso la valentía. Cada vez que entraba en el océano; la ola y yo, manteníamos una conversación invisible, donde yo le pedía que fuera perfecta, grande y glassy (sin baches), y ella me pedía que la hiciera noble, que fuera bien aprovechada. Yo le ofrecía mis ganas y osadía, además del respeto a su fuerza, y ella me ofrecía esa fuerza para empujarme, y ambos acordábamos surfear y ser surfeada desde la mística del entorno. Claro está que para ello necesitamos la escucha, que es indispensable para reconocer su grandeza, su potencia, su llegada e incluso su riesgo. Los sentidos se afinan al máximo y saber escuchar y reconocer lo que viene por detrás de ti no es baladí.

Finalmente reconercerle al finalizar la sesión se convierte en un rito, que curiosamente la mayoría de windsurfistas de allí, muchos de ellos competidores de la Copa del Mundo, al finalizar su sesión, agradecen al entorno que haya sido posible…..fascinante no?

Curiosamente, comentando con Graham acerca de la cognición en el deporte, donde no todo el mundo tiene el talento natural y precisa un trabajo duro y de aprendizaje; me explicaba en otras palabras lo mismo que el modelo relacional. El ensayo y el error permiten al cerebro aprender de manera inconsciente, para que poco a poco modificaciones de centímetros en la posición de tus pies y de tus manos, afinen y permitan realizar la maniobra deseada. Pero el orden mental y la energía emocional vienen desde nosotros mismo, y es básico apoyarse para crecer y superarse. El establecer una relación, aún siendo invisible, que te genera una conversación interna son gasolina pura….sino fijaros en los deportistas antes de realizar cualquier deporte…..silencio externo, potente conversación interna!!!!!!

El deporte como espacio de relación, de crecimiento y de creación de valores es esencial para cualquier niño. Si además somos capaces de darle un sentido interno mediante una óptima gestión de las relaciones se convierte en un espacio muy poderoso. Y además en una doble vía. Por un lado con los demás, especialmente si es un deporte de equipo, donde pedir y ofrecer es constante para acordar que hacer, y sobre todo con la escucha y el reconocimiento que son puras vitaminas para el esfuerzo y superar adversidades. Y por otro lado, y aquí la magia de todo, a nivel individual, donde con una conversación con uno mismo puedes pedirte y ofrecerte esfuerzos y dedicación, para que tus acuerdos con tus retos tengan sentido; y cuando no se cumplen gracias a la escucha y a reconocimiento, nos permiten seguir avanzando, superando las adversidades propias, creciendo y aprendiendo. Como habréis adivinado las conversaciones con las olas de Maui eran con uno mismo.

Mahalo (gracias en hawaiano) al modelo relacional, por permitir que mágicamente uno pueda afrontar los retos que se va marcando en la vida con ayuda y energía.
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Hace un par de meses estuvo en el CCCB de Barcelona uno de los sociólogos más impactantes en el estudio de la sociedad post moderna. Zygmunt Bauman con su afinada elegancia, nos mostró una vez más que está sucediendo en nuestro mundo.

En una sociedad con una velocidad de vértigo en querer cambiar las cosas, al querer vivir en una cultura del malbaratamiento, donde lo que no funciona ya no se arregla sino que se tira, incluido las relaciones; las instituciones educativas que son espacios de crecimiento de los jóvenes, también se ven afectadas.

La creencia de que la educación al largo de la historia ha sido un elemento básico en el crecimiento del mundo, donde la relación entre maestro y alumnos se basaba en saber transmitir los conocimientos al que no los sabe; y así permitir que las sociedades que por inercia son desiguales, gracias al talento y al esfuerzo pudieran equilibrarse, y que muchos nuevos receptores de conocimientos llegaran a conseguir cosas.

Actualmente esta idea ya no es tan sostenible, ya que el conocimiento que antes estaba ubicado en espacios específicos (el maestro, los colegios, las universidades), ha ido esparciéndose a otros canales de más fácil acceso, donde internet es el marco más potente. Ahora acceder a la información es sencillo y masivo; y este incremento de acceso devalúa al propio conocimiento, pudiendo llegar a casos reales donde tener un título universitario o no, pierde su valor.

Existe un “ahogo” ante tanta información generada, y biológicamente nuestro cerebro no la puede gestionar ni reciclar; además con el agravante de que gran cantidad de esta información que circula en la red es irrelevante. Por ejemplo buscar en Google la palabra “utopía” y tendremos más de 65 millones de entradas….65 millones para solo una palabra.

Este enamoramiento y adicción a la información de nuestra sociedad, determina que el 99,9% de lo que nos llega casi no tiene valor, y los efectos a nivel social e individual de este exceso de información son evidentes. Nuestro pensamiento se acelera y esto origina que lo que narramos de manera ordenada y progresiva vaya perdiendo calidad, y esta narración poco a poco se va extendido hasta llegar a marcar un estilo de vida que genera desorientación y paradójicamente perdida del conocimiento.

Hemos sido capaces de ubicar el conocimiento en servidores, que utilizamos cuando lo consideramos necesario pero que  ya no forman parte de nuestra vida. Y no me diréis, y a mi me pasa a menudo,  de creer tener un sentimiento de ignorancia grande. Y esta situación afecta directamente a la educación, los profesores que no maestros, empiezan a estar habituados a los plagios de los estudiantes cuando hacen sus trabajos, donde copiar datos y pegarlos es lo que toca.

Si a ello le sumamos la crisis económica, social y de valores que estamos sufriendo, ya que muchos universitarios con títulos se encuentran en situaciones laborales muy precarias, sin ningún vínculo con lo que han estudiado o directamente sin trabajo, hacen que muchos hermanos pequeños observando el desequilibrio que han vivido sus hermanos mayores, que han dedicado años de estudios y esfuerzos para un premio que es mínimo o ninguno, hayan perdido cualquier confianza, en aprender.

Además esto se acentúa cuando modelos de nuevos multimillonarios sin haber sido grandes estudiantes han triunfado en los negocios (por ejemplo los fundadores de Apple o Facebook), y de esta forma se reordena el sistema de creencias y de valores, hasta el límite de considerarse un éxito el fracaso escolar y una apuesta real el crear un blog que sea “cazado” por un mecenas y te haga rico en un día.

Posiblemente sea cierto lo que Bauman vaticina. Considera que nuestra incerteza contemporánea está causada por los mercados que no paran de desarrollarse. Es necesario volver a plantearse el sistema de educación, pero esto no es bueno para los gobiernos debido a la fuerte presión que son sometidos por los bancos mundiales que conspiran contra la propia reforma de la educación (como sucedió en el modelo planteado en Bolonia donde era el mercado y por tanto las empresas las que determinan y calibran la relación entre la Universidad y la Empresa).

Desconozco si es cierto o no, aunque todo apunta que así sea. Al fin y al cabo los datos de la realidad social de nuestro primer mundo así lo verifican. Crecen las desigualdades, el bienestar de los más ricos no beneficia a todos, por ejemplo en Estados Unidos el 93% de los beneficios va a parar al 1% de la población y el 7% restante se reparte entre el 99%. Y esto modifica la mirada de la sociedad, donde la idea de que solo podríamos crecer, se ha convertido en no perder lo que ya se tiene.

Bauman es realista y esto determina la dureza de lo que sucede. Pero también nos muestra que hay síntomas de una mayor implicación con el mundo, gracias al vínculo entre lo interno y lo personal. Donde se recupera el principio aristotélico de que uno puede ser una buena persona en una buena sociedad aunque no se manifieste en el sistema político. Recuperar este vinculo entre lo interno y lo personal, se convierte en un elemento clave. Hay caminos que pueden permitir la modernización respetando la racionalidad y los derechos de las personas.

Estamos en un mundo que ha generado un movimiento controlado pero que es imposible de controlar ya que la potente globalización a reorganizado la economía a nivel mundial, siendo los derrotados la gestión local, donde la desvinculación económica frente a lo social, lo político y cultural ha sido abismal.  Se genera un sentimiento de desconfianza constante que determina la actual crispación, y la confianza así como la filiación son atributos que forman parte del ADN básico del ser humano. Valoramos y defendemos nuestra libertad personal, pero precisa de la cohesión con el grupo o con la familia, y esto quiere decir con el amor, y no nos podemos permitir el lujo de que el amor disminuya.

Aunque el sistema global y seguramente la educación que se genera, fomenta la idealización del yo, que implica egoísmo codicioso ante nuestras necesidades, tenemos una gran aliada, que es la inteligencia emocional, que no es la misma que la cognitiva. Nuestra sabiduría surge de nuestra memoria, y nuestra memoria se crea a partir de nuestra percepción inconsciente, que sin aprender fechas, nombres y datos, es capaz de advertirnos intuitivamente de lo que debemos hacer, y esto nos llega gracias a la experiencia. La inteligencia emocional se convierte en un motor de gran potencia para poder hacer cosas nuevas en el futuro, y hay que alimentarlo con el entusiasmo, que debe ayudarnos a imaginar lo que se puede llegar a ser y hacer.

Si el sistema global basado en sociedades patriarcales ha sido capaz de desplazar a un lado lo que era de por si natural, generando nuestras respuestas adaptativas que al final se convierten en nuestras neurosis, habrá que volver a acercarse a nuestra faceta instintiva y proximidad a los demás, recuperar la mujer y el niño interior. Se trata de volver al amor similar al goce de un niño, la ternura y la compasión, valores maternales que son la esencia de las emociones, así como lo paternal que sustentan el amor devocional del enamoramiento.

A los jóvenes hay que explicarles una educación basada en la virtud, sin moralismos para evitar menospreciar y dominar a los demás. Los actos buenos son aquellos que surgen de estar uno mismo bien. Así la educación debería ser un espacio para el desarrollo  de personas completas, en vez de estar consagradas a una instrucción, ya que roba tanto a los educadores como a los educados la capacidad de sanar, evolucionar y descubrir la vida verdadera.

Los formadores deben ser capaces de desarrollar las competencias para formar seres humanos y gestionar programas para conocerse a uno mismo, permitiendo reconocer aquel amor falso creado para sobrevivir al autoritarismo y represión en el goce del vivir.

La educación debe entender la idea de que no hay ninguna acción sin una emoción humana, que sea capaz de crear espacios para pensar y actuar. Todo alumno tiene al menos alguna capacidad que le hace sobresalir, y se le debe ayudar a encontrarla mediante el reconocimiento, que le hará crecer y entregarse al aprendizaje. Nuestra educación actual, basada en contenidos empaquetados no ayuda a desarrollar nuestras competencias, conocimientos, habilidades, actitudes y valores.

Y lo importante son los valores y las relaciones. No podemos educar solo creyendo que sepan hacer algo, se debe educar para que sean. En todo ser humano hay creatividad y bondad. Y aquí los padres y los entornos familiares y cercanos son muy importantes, ya que deben ser espacios donde fomenten la fantasía del pequeño, la aventura y la incitación al descubrimiento del niño, los retos del joven y la proyección social del adulto. Si alguien interviene en algo creativo, hay que aplaudirle porque la sensación que esta persona recibe con el aplauso (reconocimiento) es imborrable y su efecto es un multiplicador muy potente. Obviamente lo creativo debe ser algo que aporte valor, saliendo de uno mismo para que beneficie al otro. Y fijaros que emociones encontramos detrás de esta nueva mirada, la pasión, el deseo y la necesidad en hacer y comunicar.

Hay que conseguir transformar los contenidos en vivencias, y esto en el sistema educacional actual y su masiva recepción de información lo impiden. Si el maestro se conforma en ser un técnico de la información, será tratado como tal, ya que no se forma sino que se informa, sin saber llegar a enseñar que es lo importante y lo relativo.

Si tenemos miedo al caos y a la tecnocracia,  evitamos el dialogo sobre las experiencias, y esto impide que nuestra inteligencia emocional pueda aprender, creando un aumento de huérfanos culturales. Volvemos a acumular datos y mas datos creyendo que esto es cultura, pero nadie es capaz de explicar que emociones habían detrás de personajes como Cervantes, Picasso, Dante o Einstein.

Es preciso llegar a conectar con ellos y con lo que sentían, para conseguir energías con gran poder como la fascinación, la pasión y la ilusión. Y estos elementos son los que generaran el ingenio y el querer profundizar en aquello que para nosotros es importante. Sin esta conexión emocional estamos condenados a ser seres manipulables y convivir en la existencia líquida de las autopistas hiperactivas de información.

Los padres, los amigos, los maestros deben reír y sentir alegría generando estas conexiones con las emociones de aquellos que han hecho grandes cosas o no tan grandes. Acompañar a los pequeños, niños y jóvenes a espacios culturales, deportivos o sociales que complementen la educación de las instituciones, y ser capaces de leer en sus hijos aquel brillo de los ojos, aquella sonrisa de corazón o aquella mirada de asombro al poder conectar con la pasión del pincel de Picasso, la fantasía de la pluma de Cervantes o la diversión de la fórmula de Einstein.

Mientras esperamos, como pide Manu Chao rearmar la educación ¿porque no empezar desde nosotros mismos y encontrarnos en lo cercano?
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