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Llevo dedicándome al mundo del desarrollo de Personas y Organizaciones algo más de 10 años. En este tiempo, han sido numerosos los profesionales y programas formativos que me han nutrido de aprendizajes necesarios para poder acompañar a profesionales, equipos y empresas a desarrollar su talento, explotar sus potencialidades y alcanzar sus retos.

Sin embargo, muchos años antes de haber empezado en esta profesión, me ha venido acompañando una maestra que me ha regalado una serie de aprendizajes que puedo aplicar perfectamente en mi actividad profesional, tanto en los programas de desarrollo que llevamos a cabo en organizaciones, como con mi equipo de trabajo. Esa compañera es mi guitarra (soy aficionado desde antes de 1990) y me ha brindado 10 grandes lecciones:
  1. El método es clave para poder improvisar. Me encanta la guitarra de jazz. Es la disciplina con mayor grado de improvisación (los músicos de Jazz pueden estar muchos minutos improvisando sobre una determinada base con un nivel de excelencia increíble). Con los años, aprendes que la única forma de poder improvisar es tener unas sólidas bases de metodología musical. En Management es lo mismo. Las situaciones que se te dan en el día a día con tu equipo son imprevisibles y no es posible tenerlas preparadas todas. Precisamente por eso es esencial tener integrados los métodos de comunicación, motivación, seguimiento y formación esenciales, y a partir de ahí, adaptarse a cada situación.
  1. Crear siempre es más interesante (y difícil) que copiar. Cuando comencé a tocar la guitarra, me dedicaba todo el tiempo a intentar tocar canciones fáciles de los grupos más conocidos. Fue fundamental para mi aprendizaje, pero llegó un momento que empecé a crear mis propias composiciones. Éstas eran muy simples, y muchas de ellas no pasaría un test de calidad, pero cuando empiezas a componer, entras en otra fase superior de desarrollo que te lleva a momentos y niveles tremendamente interesantes. En Management es igual; por supuesto que es interesante copiar buenas prácticas de compañeros, otros directivos, escuelas… Pero cuando conectas con tu propio estilo como manager y creas tus herramientas, métodos y recursos, es cuando puedes estar especialmente orgulloso de tu aportación.
  1. Los silencios son fundamentales. Es matemático. Cuando comienzas, es decir casi no sabes tocar, das cientos de notas por minuto, por supuesto a un volumen terrible. A medida que vas aprendiendo un poco, vas tomando conciencia de la importancia y belleza de los silencios, vas tocando más bajito, y vas poniendo mucho más el acento en escuchar y en los matices que en vomitar notas alocadamente. Al igual pasa en Management, cuando uno no está seguro de sí mismo, ni tiene una visión clara para el equipo, sobreactúa, sobre comunica, da órdenes, echa broncas… Cuando un o una manager tiene las ideas claras, las comunica de manera concisa y breve, y gestiona perfectamente los silencios de sus colaboradores para escuchar lo que dicen, y lo que no dicen…
  1. En equipo es más rico (aunque cueste más). Formé parte de un grupo de Soul durante casi 15 años. Por supuesto que era mucho más fácil tocar en casa escuchando el CD del grupo de moda. Tocar con otros implica mucha necesidad de coordinación, escucha, negociación, humildad… pero cuando das un concierto, te das cuenta de la riqueza de tocar con otros músicos. La diversidad de instrumentos, de estilos personales, de bagajes… hace que lo colectivo sea claramente superior a la suma de individualidades. En Management es simplemente exactamente lo mismo.
  1. Más sencillo, mejor. BB King, Eric Clapton, Santana y muchos otros demuestran como la sencillez suele estar al servicio de la belleza y la efectividad. Pocas notas, bien pensadas, bien ejecutadas y sin nada accesorio o insustancial. En Management es lo mismo. No es hacer cosas complicadas, sofisticadas o extravagantes. El éxito suele venir acompañado de tener claro a dónde se quiere llegar, dónde se está, y cuáles son los grandes pasos para recorrer esa distancia, involucrando al equipo como protagonista máximo de esa transformación.
  1. Respeto cuando te pones delante de la gente. Aunque siempre como un aficionado, he dado un número importante de conciertos en directo con varios grupos. Siempre he sentido un respeto y una sensación mezclada de inquietud y emoción ante el público que asistía al concierto, y una clara sensación de responsabilidad de satisfacer o superar las expectativas de los asistentes. En mi trabajo actual es prácticamente la misma sensación de respeto, responsabilidad y orientación al cumplimiento de las expectativas de los participantes en un programa de desarrollo.
  1. Si lo sientes, lo transmites. Para tocar la guitarra, por supuesto la técnica es necesaria. Sin embargo, a la hora de llegar a la gente, de poder emocionar al alguien, no es la técnica lo que marca la diferencia, sino el sentimiento con el que uno hace que el instrumento se exprese. Y no se puede transmitir lo que no se siente. En Management pasa igual. Por supuesto que hay conocimientos y técnicas que son necesarias. Pero si éstas se aplican sin la autenticidad, sin la integridad y sin la gestión emocional adecuada, no se conseguirán los resultados esperados.
  1. La perseverancia es la gran clave. No hay otra, solamente he llegado a tocar de manera un poco decente la guitarra después de muchas horas, días y semanas de trabajo continuo. Seguro que el nivel de talento previo (en este caso hablaríamos de oído) es relevante, pero éste sólo se destapará después de muchas horas de trabajo bien alineado. En las organizaciones es lo mismo. Claro que es importante el nivel de talento previo con el que cuenten los profesionales de una empresa, pero este no se transformará en resultados con una ejecución perseverante y bien alineada con las estrategias planteadas.
  1. Cuando fluyes, entonces es excelente. No fueron exactamente conciertos, fueron 2 ó 3 Jam Sessions (reuniones libres entre varios músicos) en los que sentí realmente la felicidad de tocar la guitarra. Todo fluía, no había necesidad ni de hablar entre nosotros. El nivel de conexión, de complicidad, de compenetración… Simplemente, sin palabras. En un equipo pasa algo parecido en algunos momentos privilegiados. Los miembros del equipo han generado tal grado de confianza, sinergia, complementariedad y coordinación, que el trabajo en equipo fluye, cada uno de los miembros disfruta con su trabajo y su contribución al conjunto, y el rendimiento colectivo es sobresaliente.
  2. Nunca es demasiado tarde. Yo empecé a los 19 años aproximadamente, y ya pensaba que quizá era un poco tarde para empezar a tocar la guitarra!! Conozco varias personas que han empezado a los 30, 35, 40, 50… Y quién dice que era demasiado tarde. Como siempre, habrá que ajustar las expectativas, las motivaciones y los objetivos específicos a conseguir, y establecer planes de acción coherentes con dichas variables, pero nunca es tarde si realmente se quiere empezar a disfrutar de un instrumento musical. Para liderar un equipo pasa lo mismo. Siempre estamos a tiempo de cuestionar nuestras creencias, miedos y experiencias previas que supongan un freno para asumir el liderazgo de un equipo u organización. ¿Te atreves?
Artículo dedicado a Carlos, Nacho, Miguel y Eva.
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El principio de Arquímedes postula que «Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja». Se trata de un principio físico universal que se cumple en todos los casos sin excepción. Afortunada o desafortunadamente, en Management casi nunca las cosas son tan taxativas, universales o indiscutibles.

Durante varios años he venido escuchando una serie de frases hechas en el mundo del management, una especie de mantra que, en mayor o medid, me ocasionaban inquietud y desasosiego. Se trata de enunciados, metáforas o recetas que, si bien en su primera lectura parecen prácticamente indiscutibles, no terminaban de cuadrarme del todo, aunque no era consciente del porqué de esa sensación de “aquí falla algo”. Veamos esas frases hechas, y qué razones me llevan a pensar que tienen bastante de mentiras sobre el management:
  1. Un equipo de trabajo, igual que una cadena, es tan débil como su eslabón más débil:
 A priori tiene sentido, ¿verdad? Por muy fuerte que sean 9 eslabones de una cadena metálica, si uno de ellos es muy débil, de nada servirá la fortaleza de los otros 9 en términos de soportar un peso o un determinado nivel de tensión. La trampa radica en emplear la figura de una cadena como una buena metáfora de un equipo de trabajo. En mi opinión no lo es. En la actualidad, un equipo de trabajo se asemeja mucho más a un sistema (organismo vivo, ecosistema…) que presenta leyes muy distintas a los de una cadena. En los sistemas, las debilidades de uno de los miembros pueden ser compensadas con las fortalezas de otros, de modo que lo que cuenta no es tanto el nivel general de las debilidades sino el nivel general de las fortalezas y el grado global de sinergia y cohesión.
  2. Un equipo con buen rollo, es un equipo más productivo.
 La evidencia empírica de aproximadamente 15 años acompañando equipos me demuestra que esta ley no tiene por qué cumplirse. He tenido el “gusto” (léase la ironía) de acompañar a equipos con un ambiente de trabajo y un nivel de amistad entre ellos inmejorable, que distaban enormemente de ser un equipo de alto rendimiento. Otra cosa muy distinta es que la existencia de un mínimo clima positivo sea imprescindible para el alto rendimiento de un equipo. Es decir, que estamos hablando de una condición necesaria pero en absoluto suficiente. Aspectos como la Visión global, la comunicación constructiva, la confianza, objetivos claros y alineados, un liderazgo adecuado y una actitud proactiva son los que realmente me garantizarán poder llegar a conformar un equipo de alto rendimiento. El buen ambiente seguro que puede ayudar a que estos aspectos se den en el equipo, pero por sí mismo en absoluto garantiza un alto rendimiento.
  3.  Liderar es conseguir que todas las decisiones sean consensuadas con el equipo: 
El doctor Mario Alonso Puig afirma que “Un líder no puede aspirar a ganar un concurso de popularidad entre sus colaboradores”. Personalmente, me encanta el consenso, creo que es una fórmula con muchas ventajas para llegar a decisiones, y que podríamos emplearlo más en organizaciones y otras esferas de nuestra sociedad. Pero el consenso puede ser también una forma tremendamente eficaz para llevar a un equipo u organización hacia su ineficacia e incluso hacia su desaparición. Vivimos tiempos con altos niveles de incertidumbre, miedo y desorientación, lo que puede hacer que sea absolutamente tomar decisiones y llevar a cabo medidas que conlleven asumir riesgos, cambiar de manera muy significativa y aceptar peajes desagradables. Desde el consenso puede resultar dificil que las decisiones y acciones presenten el nivel necesario de estos ingredientes. Las decisiones actuales deben integrar un nivel alto de visión, valentía e innovación. El consenso debe ayudarnos en líneas generarles, más que para decidir qué debemos hacer, decidir cómo vamos a hacerlo, es decir la traslación operativa en el día a día, a partir del análisis compartido de aspectos clave, dificultades y recursos para implementar adecuadamente las decisiones adoptadas.
¿Cuestiones de fondo, o simplemente matización de pequeños aspectos? Lo dejo a tu experiencia, tu reflexión y tu opinión.
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